domingo, 1 de julio de 2012

La cuestión castellana. El ejemplo inglés (II)


Primer desfile, tras 425 años sin celebrarse, del Día de San Jorge (patrón de Inglaterra) en Londres, el 23 de abril de 2010. Soldados del ejército británico participan en el recuperado desfile, de fuerte contenido nacionalista inglés, sin problemas ni polémica alguna. Una imagen así, en Madrid o cualquier otra ciudad castellana, con soldados españoles desfilando y homenajeando un 12 de noviembre a San Millán, patrón de Castilla (y copatrón de España por ello), o un 23 de abril, día de las letras castellanas (y casualmente también inglesas), y para muchos, el Día Nacional de Castilla, es impensable... de momento.
Por Javier Martínez
Hoy se disputa la final de la Eurocopa entre España e Italia, lo que me sirve de excusa para rescatar, y comentar, un artículo sobre fútbol, agravios y nacionalismo inglés, firmado por Gonzalo Suárez (se publicó en La Razón en julio de 2006) y hacer un paralelismo con el caso castellano. Artículo que me ha hecho reflexionar, de nuevo, sobre las ‘similitudes’ que percibo entre Castilla e Inglaterra, entre España y Reino Unido, tanto pasadas como presentes, y no oculto que me ha animado a escribirlo el hecho de que uno de temática similar es, con diferencia, el artículo más leído de esta bitácora. De hecho, reconozco que me he visto identificado con lo aquí descrito por los ingleses. Creo que incluso el castellanismo puede tener en el nacionalismo inglés uno de sus referentes internacionales, dado el carácter particularista a la vez que integrador, no excluyente, no rupturista, sano, del mismo. El citado artículo se titulaba: “Los ingleses descubren el nacionalismo. La descentralización de Blair alimenta los agravios comparativos de Inglaterra con Escocia”.
Los ingleses se movilizan. Al exigir un Parlamento y Gobierno propio para los asuntos exclusivamente ingleses, tal y como ya disfrutan los demás británicos, exigen igualdad (y acabar con las asimetrías que permiten a los diputados escoceses y galeses votar contra los intereses ingleses), no privilegios. Dado que no exigen privilegios ni vuelta al centralismo, ni propugnan, a pesar de todo, ruptura alguna con el resto de británicos (siempre reservan un hueco simbólico, pero no mayoritario, a la Union Jack en sus manifestaciones), podríamos calificarlo como nacionalismo no excluyente, no rupturista, es decir, revitalizador, reformista, justicialista y sano (no piden para sí lo que no quieren para los demás). Los catalanistas (que practican el 'lo mío es mío y lo vuestro de todos' y últimamente el 'autonomía sí, pero solo para mí'), han tomado como referencia el nacionalismo escocés (ambos buscan, con la excusa de la independencia, el privilegio, más que la secesión, si bien pueden evolucionar hacia ésta, y convertir esa situación en una simple etapa intermedia que durará lo que dure la leche de la teta del Estado); los vasquistas, por el contrario, han tomado como referencia el nacionalismo norirlandés (los delitos de sangre hermanan mucho); y el castellanismo debería, a mi juicio, tomar el ejemplo inglés, por ser su situación a la que más se asemeja y porque resulta de un origen más noble. (Foto: West Bromwich St. George Day festival).
Empieza así: “Los ingleses llevan siglos sufriendo un problema de identidad. Cuando tienen que rellenar formularios burocráticos, muchos dudan a la hora de completar la casilla de ‘País de origen’, ‘¿Inglaterra?’, se preguntan, ‘¿quizás Gran Bretaña?, ¿o por qué no Reino Unido?’. Con al menos tres respuestas válidas no resulta extraño que los ingleses se sientan un poco perdidos, aunque suelan solventar el dilema con su característico pragmatismo: sea cual sea la nacionalidad ‘oficial’ que elijan, los ciudadanos de la ‘Pérfida Albión’ están acostumbrados a ser la fuerza dominante. O al menos era así hasta la llegada de Tony Blair al poder y su apuesta por los parlamentos regionales, que han provocado un fenómeno inédito: el surgimiento del nacionalismo inglés, que por primera vez siente un agravio comparativo respecto a sus compatriotas galeses y escoceses”.

"Fenómeno inédito: el surgimiento del nacionalismo inglés, que por primera vez siente un agravio comparativo respecto a sus compatriotas galeses y escoceses”

Para quien no lo sepa, lo correcto es decir Reino Unido de la Gran Bretaña, que está formado por Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda, esta última solo en parte, Irlanda del Norte, pues el centro-sur católico logró independizarse en 1921 pues era la única parte de Gran Bretaña que no se unió voluntariamente al resto sino mediante ocupación. Irlanda sería a Gran Bretaña, distancias y matices aparte, lo que Portugal a Hispania, un territorio con derecho ‘a entrar’, a formar parte de, pero separado. A fin de cuentas Hispania también se forma de varios reinos históricos (no confundir con la milonga de las autonomías 'históricas', terminología tan falsa como interesada, que desde la República a esta parte repite la casposa y analfabeta clase política española), a saber, de Oeste a Este, Portugal, León, Castilla, Navarra y Aragón.

Traduzco del inglés (BBC, 08/11/2004): "‘Nacionalismo en el Reino Unido’ . El nacionalismo, como doctrina que juega un papel importante en el pensamiento político en el Reino Unido, es relativamente reciente. Hubo, a lo largo del siglo XX, quien hizo reclamaciones en nombre de las naciones de Escocia, Gales e Irlanda. Pero, sólo en Irlanda, fue el argumento principal de la política.
La creación de un estado irlandés independiente en 1922, eliminó la idea de la corriente principal política del Reino Unido desde mediados del siglo. Pero desde la década de 1970, en adelante, el nacionalismo se convirtió en un importante, aunque minoritario, asunto de la política del Reino Unido. La creación de un Parlamento y Ejecutivo escocés, una Asamblea galesa, y el re-establecimiento de una asamblea descentralizada y gobierno en Irlanda del Norte en 1999 sitúa el Reino Unido en un camino alejado del modelo de Estado unitario, el cual mantenía, hasta entonces, dominado cada vez más a su gobierno. El impacto de la descentralización: Para muchos nacionalistas, la descentralización, donde el gobierno central "presta" el poder a Escocia, Gales e Irlanda del Norte no es más que un compromiso aceptable entre la demanda de la plena independencia nacional, y las limitaciones de las inmediatas circunstancias políticas. Para los creyentes en el Estado unitario, por el contrario, incluso el sistema actual es imperfecto, y potencialmente un paso más cerca, si no a la ruptura del Reino Unido, sí hacia un estado federal.
En este caso, las competencias de las distintas naciones deberían estar  consagradas constitucionalmente, la supremacía del Parlamento limitado por una Constitución escrita, y la relación entre las nuevas naciones, y el centro, regulada en parte por algún tipo de tribunal constitucional. Los desacuerdos sobre estas cuestiones han separado las antiguas divisiones entre liberales, socialistas y conservadores, proporcionando un ejemplo más de la relevancia decreciente de estas ideologías, y del socialismo y el conservadurismo en particular. Algunos socialistas ven una mayor distribución del poder dentro del Reino Unido, dando más poder al pueblo y una mayor posibilidad de llevar a cabo políticas nuevas y radicales. Otros lo ven como una amenaza para la capacidad del gobierno de actuar en nombre del pueblo para hacer frente a los intereses creados y redistribuir  oportunidades. Del mismo modo, entre los conservadores, muchos desconfían de lo que ven como una ruptura con una tradición constitucional ininterrumpida hasta la fecha, mientras que otros valoran la mejora de las identidades locales o regionales, y lo ven como un control potencial sobre el gobierno central. El impacto de la adhesión a la UE: La causa nacionalista en el Reino Unido ha sido reforzada por el ingreso del Reino Unido en la Unión Europea, con el cambio de un interés exclusivo por el Estado-nación soberano. Si el poder puede ser compartido hacia arriba, puede ser compartido hacia afuera y hacia abajo también, mientras las naciones del Reino Unido obtienen el sustento de formar sus propios vínculos entre sí y con el resto de Europa, en lugar de canalizar todas sus transacciones a través de Londres
. Una consecuencia del auge de los nacionalismos dentro del Reino Unido ha sido una tentativa de articulación del nacionalismo inglés. En tanto que Inglaterra y Gran Bretaña podrían ser consideradas más o menos sinónimos, no hubo necesidad de describir una identidad distintiva inglesa. Con la creciente conciencia de que Inglaterra es parte del Reino Unido, no la totalidad de la misma, la identidad inglesa está siendo lentamente descubierta”
(Rodney Barker, profesor en el Departamento de Gobernación de la London School of Economics & Political Science, escribe para la BBC Parlamento). ¿No les recuerda todo ello a la situación de Castilla en España? Por cierto, los ingleses no le hacen ascos a la estética medieval cuando de resaltar el orgullo patrio se trata. En Castilla tampoco debiéramos.
Los castellanos de antaño como los de hogaño, siempre hemos tenido claras las diferencias entre ser español y castellano, si bien no pocos políticos, gobernantes y pseudo-intelectuales de todas las épocas y tendencias, del interior y de la periferia, han jugado interesadamente a enredar, a mezclar, cuando no a equiparar, lo castellano con lo español, para desgracia de todos, españoles en general, y castellanos en particular. Y digo desgracia, porque es evidente que hoy, eso es utilizado para ir matando poco a poco a ambas, a Castilla (que queda desdibujada, diluida, estigmatizada, culpabilizada de todos los males comunes, y arruinada),  y a España (que queda herida, malavenida, tensionada internamente, y rechazada porque ‘eso supone ser castellanos’, que por lo visto es lo peor que se puede ser en este mundo).

Identificar Castilla con España hasta la náusea es el ‘argumento’ que sirve de justificación de la ruptura a ciertas regiones (‘España es solo Castilla, luego nosotros no somos España’ es el mantra que los peris separatistas tan falsa como alegre e interesadamente extienden… y todo ello pese a que fue en el Conventus Jurídicus de Tarraco, primera capital de Hispania, y cuando a Castilla le faltaban siglos para nacer, donde se fraguó la idea de Hispania como un todo). Vamos, que la culpa de que ellos sean unos traidores y  quieran pirarse, es nuestra… y si no lo han hecho ya, pues también es nuestra la culpa, pues ‘se debe a que no les dejamos, porque les oprimimos’. Y digo yo, ¿por qué no nos dejan en paz y hacen lo que tengan que hacer? Demostrar a quién favorece más el Estado común (y quienes serían los más perjudicados por ello en el hipotético caso de su ruptura), también es objeto de esta bitácora. Tratar de revertir esa situación pro-periferia, y oponerse a todo intento de consolidación de las asimetrías propuestas por los peris forman, junto con la deseable reunificación de Castilla, las tres patas de este proyecto literario personal.

Poniendo Inglaterra primero. Campaña pro Parlamento inglés.
Tampoco el lado españolista se queda atrás en la carrera por manipular lo castellano. En su enfermiza carrera por uniformarlo todo como español (como si no lo fuese ya de antemano), la primera víctima siempre es lo castellano. Ayer descubrí que el famoso nudo castellano de las alfombras medievales está siendo renombrado como nudo español. Esa misma suerte corrió la capa castellana, la lengua castellana, el imperio castellano, y un largo etc., da igual el ámbito, que son redefinidos de forma sistemática como capa española, lengua española, imperio español,… Digo yo que si nuestra forma de ser españoles es la castellana, aquella no debe exigir sacrificar a ésta, ni a ninguna otra. No es aceptable que lo castellano sea borrado y suplantado como lo español, y no lo es ni para los castellanos ni para los peris.
Traduzco del inglés (BBC, 10/01/2000). Los textos que no están en cursiva son comentarios míos. “Los ingleses 'víctimas de la discriminación'.  El nacionalismo inglés parece estar en auge. El ex ministro del Interior conservador, Michael Howard, ha afirmado que los ingleses se están convirtiendo en víctimas de la discriminación a raíz de cómo el gobierno ha puesto en marcha la descentralización. Howard, quien advirtió de una ‘reacción’ a menos que la situación se corrija, hizo estas declaraciones después de que el ministro del Interior, Jack Straw, dijera de los ingleses que tienen una ‘propensión a la violencia’. La afirmación del Sr. Straw de que los ingleses habían utilizado la violencia para ‘someter’ a sus vecinos viene en un documental de la BBC que se emitirá esta noche”. Los ingleses son acusados una vez de someter, de oprimir a sus vecinos, y se les hinchan los cojones. A los castellanos nos lo dicen todos los días, y como si tal cosa, incluso no faltan peleles que asienten. “Howard añadió que los comentarios expuestos, ‘el sesgo anti-inglés’ están en el seno del gobierno”. También aquí, en el gobierno de España, hemos tenido ministros descaradamente pro periferia y castellanófobos a pares, sobre todo en temas lingüísticos, así como un buen puñado de cobardes, tanto en el PP como en el PSOE, que rehúyen estos temas. “Los comentarios de Straw, dijo, son históricamente inexactos y políticamente ‘muy reveladores’. La descentralización ha creado una ‘situación intolerable’, donde los parlamentarios escoceses podían votar sobre asuntos que afectan a los ingleses (hospitales, escuelas y carreteras), mientras que sus homólogos ingleses no pueden votar sobre asuntos transferidos, dijo el Sr. Howard”. Esto es, justamente, lo que proponen para España desde CiU: eliminar total o parcialmente la autonomía de las regiones restospañolas, es decir, crear por la vía de la limitación al resto, además de por la de consecución de transferencias exclusivas solo para ellos, las asimetrías, y mandar sobre lo propio y sobre lo del vecino. Ya lo propusieron en el Estatuto del 32 (incluso bastante antes, como fue denunciado desde Castilla en 1918, en el famoso manifiesto El Mensaje de Castilla), y en la reforma del actual Estatuto que ZP les concedió, si bien fue, posterior y parcialmente, tumbado por el Tribunal Constitucional. Ojo, solo parcialmente, luego tienen competencias sobre las que nosotros no podemos votar mientras que al revés ellos si pueden. "Los ingleses son objeto de discriminación como resultado de la forma en que la descentralización se llevó a cabo", añadió Howard”. Ya me gustaría a mí que alguien hablase igual de claro aquí. "Creo que existe el peligro de una ‘reacción violenta’, añadió, asegurando que aumentará a menos que el gobierno traiga nuevas políticas. ‘Bajo el garrote’: Hablando en el documental de la BBC Radio 4, acerca de los británicos, Straw afirmará que los ingleses usaron su propensión a la violencia ‘en Europa y con nuestro imperio’. ‘Creo que lo que usted tiene en el Reino Unido son tres pequeñas naciones que han estado durante siglos bajo el garrote de los ingleses’, dice en el programa. ’Las naciones pequeñas, inevitablemente, han buscado la expresión de una idea muy explícita de la nacionalidad’. En el mismo programa, el líder conservador, William Hague, señaló un incremento del nacionalismo inglés post descentralización”. La raíz pues del auge del nacionalismo inglés no está en el deseo de centralismo, como a primera vista podría pensarse, sino en las asimetrías injustas y en las manipulaciones históricas vejatorias. Justo al igual que en Castilla, y demás regiones que forman Restospaña, solo que aquí, hasta la fecha, nos habíamos refugiado en el españolismo por aquello de que este ‘garantiza’, teóricamente al menos, igualdad, cosa que está cambiando, pues se está comprobando que ya no es así. El PPSOE nos malvende, solo defienden sus propios intereses personales. Esta es, a mi juicio, la principal causa para abrazar el castellanismo. El Gobierno de España solo planifica en función de los peris (sobre todo en períodos de mayorías relativas), y lo hace de forma injusta porque estos lo piden. “Y advirtió: "Una vez que una parte de un país unido, o reino, se convierte mayoritariamente en tamaño en nacionalista, entonces, realmente, todo el asunto está bajo amenaza." En España, al menos dos regiones, ya están en esa situación, debiendo el resto actuar en consecuencia, tanto si estamos de acuerdo con esa situación como si no.
Parece fue un emperador, Carlos I, conocido por entrar en Castilla como elefante en una cacharrería en 1520 (lo que le valió una colosal revuelta del común castellano), el primer iluminado que alegremente confundió, ante el Papa (y sus vasallos dieron por válido desde entonces), lengua castellana con lengua ‘española’. Y es que el flamenco sabía de los reinos hispanos lo mismo que un servidor de astrofísica. Pero mira, la metedura de pata hizo fortuna y todavía hoy surgen listos que te explican que no es lo mismo, que el castellano ya no existe. Se ve que hay que sacrificarlo por ‘el español’.  Emulando a Vargas-Llosa y su famoso ¿cuándo se jodió el Perú?, yo me pregunto, ¿cuándo se jodió España? A mi juicio cabe atribuir a Carlos I (por mucho que nos diera después un imperio), la primera gran cagada de nuestra historia (para que luego le carguen 'el honor' a los Borbones), y fuimos los castellanos los únicos en sufrirlas (subida de impuestos hasta la extenuación y adiós a los fueros). Nos tocó la primera ración y empacho de ‘centralismo’.

Parece que como a los ingleses, a los castellanos también nos han hecho padecer (unos y otros) un grave ‘problema de identidad’, problema que es tan artificial como interesado. Viene bien compararse con un ejemplo exterior porque reduce subjetividades, más aún en estos tiempos de fútbol, nacionalismo y sentimientos cruzados. Lo inglés y lo británico también se confunden con demasiada frecuencia, si bien los ingleses empiezan a abrazar un movimiento para que deje de ocurrir como observa el citado artículo.

¿También aquí está despertando un nacionalismo castellano que por primera vez siente un agravio comparativo con respecto a los periféricos tal y como ocurre a los ingleses respecto de los escoceses?

Las veladas amenazas de 'independencia' de los peris acaban en privilegios, en asimetrías. Aquí y allí. Los ingleses, vieja y orgullosa nación, no están dispuestos a tolerarlas. En Castilla (y demás zonas de Restospaña) tampoco debiéramos. Señora España: juntos e iguales,... o separados y tan amigos, oiga, que no hay porqué montar un número por un divorcio. Los privilegios fiscales que consagra la Constitución del 78, y las asimetrias y bilateralidades (origen de todo tipo de agravios) que vienen, no son aceptables para los castellanos. Así pues, doña España, usted verá si las aprueba.
“Como en tantas ocasiones, el fútbol ha ejercido de coagulante social de un fenómeno que llevaba varios años de fermentación. En los prolegómenos del reciente Mundial de Alemania, millones de conductores ingleses decidieron apoyar a su selección colgando de sus retrovisores la bandera nacional de San Jorge. El fenómeno se disparó cuando diversos políticos escoceses, cuyo equipo no se había clasificado para la fase final, se negaron a apoyar públicamente a sus compatriotas ingleses. De la noche a la mañana, las calles de Inglaterra se llenaron de banderolas blancas con la cruz roja, hasta hace unos años un símbolo propio de la ultraderecha más extrema”.
“Por primera vez en décadas, resultaba socialmente aceptable presumir de la nacionalidad inglesa, como desde tiempo inmemorial han hecho los escoceses, los galeses o los irlandeses. El fútbol se convirtió en la válvula de escape para el malestar de muchos ingleses ante el proceso de descentralización emprendido por Blair en la última década. Según este plan, Escocia y Gales disfrutan de un Parlamento con competencias sobre temas como el sistema educativo o la red sanitaria. Mientras tanto, los ingleses siguen dependiendo de la Cámara de los Comunes para gestionar estos asuntos, lo que ha provocado que los escoceses y galeses disfruten de un mayor grado de autonomía que sus vecinos del sur. De ahí que el lema «Votos Ingleses Para Temas Ingleses» cada vez cuente con más apoyos, entre ellos el de la oposición conservadora”

“Por primera vez en décadas, resultaba socialmente aceptable presumir de la nacionalidad inglesa. ¿Ocurrirá lo mismo con la castellana? Apuesto a que sí"

En España llevamos décadas viendo cómo en el Parlamento español, gracias a que hay autonomías de primera y de segunda, los peris votan en cuestiones que solo a nosotros nos afectan (por cuanto ellos las tienen transferidas) mientras nosotros no podemos hacer lo propio en las suyas. Somos una colonia política. También económica, pues no olvidemos que la Constitución ampara privilegios y asimetrías fiscales (y por tanto empresariales) en Vasconia y Navarra. Ellos votan y deciden sobre nuestros impuestos y servicios, nosotros no podemos votar los suyos. Eso es España hoy, y el problema va a más, pues la presión para que cada vez seamos un país más asimétrico, plagado de bilateralidades no cesa. Incluso con descaro fulanos como Durán Lleida y Oriol Pujol proponen  que se eliminen o limiten todas las autonomías, menos la suya, claro está, ‘porque ellos son autonomías históricas y el resto artificiales’.  Vamos, que nos consideran gente sin pasado ni orgullo. Proponen abiertamente pasar al café para tres y punto. Aquí no tenemos ligas de fútbol distintas que permitan selecciones deportivas nacionales, que llegado el caso, haga aflorar, en Castilla, como en Inglaterra, hasta qué punto hay descontento. Pero el descontento, el hastío hacia nuestros connacionales periféricos, existe y crece, si bien ese movimiento está poco articulado.

Gordon Brown, primer ministro británico, laborista escocés: "'Yo reconozco el derecho soberano de los escoceses y me comprometo a que en el pórtico de mis acciones y deliberaciones sus intereses serán prioritarios'. El trabajo duro para Inglaterra, añaden los ingleses". ¿No les recuerda a ciertas declaraciones de ministros catalanistas confesos como Montilla y Chacón? Frases como esa han encendido los ánimos de los ingleses. En otra ocasión, afirmó "the Nations and Regions of Britain" (lo que significa que para él las naciones son Escocia, Gales e Irlanda del Norte, mientras Inglaterra es solo una colección de regiones), lo que indignó de nuevo a los ingleses. ¿No les suena la música? Otro laborista, John Prescott afirmó: "There is no such nationality as English" (No hay tal nacionalidad inglesa)
“Los partidarios de esta campaña cuentan con un argumento de peso: según la actual normativa, los diputados de circunscripciones escocesas pueden votar leyes que jamás afectarán a los ciudadanos que representan. De hecho, algunas polémicas medidas gubernamentales sólo han podido aprobarse gracias a este agujero constitucional. Un caso claro fue el aumento de las tasas universitarias de 2004: si sólo los diputados ingleses hubieran votado, la moción habría resultado derrotada, pero el apoyo de decenas de laboristas escoceses permitió su tramitación. Para hurgar aún más en la herida, el Parlamento de Edimburgo había dictaminado meses antes que la educación universitaria debía seguir siendo completamente gratuita, por lo que los jóvenes ingleses pagan tasas y los escoceses no”
Dave Cameron, del partido conservador británico: 'no al parlamento inglés'. En otra ocasión afirmó: "I'll take on the sour Little Englanders, I'll fight them all the way" (aproximadamente, pues es más difícil de traducir, voy  a dar amargor a los pocos 'inglesistas', lucharé hasta el final). Otro conservador, William Hague: "El nacionalismo inglés es la más peligrosa de todas las formas de nacionalismo". Por su parte, el liberal demócrata, Charlie Kennedy, afirmó en cierta ocasión: "La ruptura de Inglaterra en regiones de la UE es buena porque se está poniendo en cuestión la idea de la propia Inglaterra". Aquí, en Castilla, no hace falta romperla, ya lo está. La idea de la propia Castilla ya está hecha añicos. Ese miserable trabajo disgregador ya se hizo durante la Transición, y el deshonor de tamaña traición correspondió, a partes iguales, tanto a la derecha (UCD, AP) como a la izquierda (PSOE, PCE). El castellanismo reunificador lo tiene más difícil que el inglesismo, ya que nosotros partimos de los escombros.
Situaciones como las descritas en ese párrafo, en España, todos los días desde que se inició la Transición. Hasta ahora, los castellanos, ante tamaña injusticia, que bien puede ser calificada de sometimiento político y económico a los peris con la aquiescencia del Estado, se han refugiado mayoritariamente en el españolismo, que a fin de cuentas garantiza, al menos teóricamente, igualdad a todos los españoles. El separatismo buscaprivilegios genera españolismo por toneladas. Ahora bien, se advierte desde hace tiempo como los teóricos ‘defensores’ del españolismo (PP), de la igualdad teórica, en la práctica, hace tiempo que van cediendo poco a poco, tragando, aceptando la situación. El PSOE e IU (y sus respectivos brazos sindicales, los chupagrifos UGT y CCOO), por el contrario, hace décadas que la aceptó. De hecho, incluso tienen una bandera de Restospaña, la tricolor republicana, pues solo en lo que resta de quitar Galicia, Vasconia y Cataluña, la ondean. Así las cosas, no nos dejan otra opción que el camino del castellanismo (ya sea en su variante de derechas o de izquierdas, autonomista o independentista, lo que resulta irrelevante aquí y ahora). Eso o tragar. Y mucho me temo que a los demás pueblos restospañoles les está sucediendo lo mismo. De ahí que el lema ‘votos castellanos para temas castellanos’ deba, aquí como en Inglaterra, generalizarse. Y cuando digo temas castellanos, digo ríos, trasvases e IVA, corredor central ferroviario y travesía central del Pirineo (TCP), autovías no radiales, etc., etc.
"'Inglaterra aprende a ondear su propia bandera'. El auge del nacionalismo inglés ha confundido tanto a Johnson como a Cameron (pie de foto). 'Inglaterra, el perro que aparentemente no se agitó mientras los escoceses, galeses e irlandeses del Norte han ganado autogobierno, está ladrando en voz alta'" le espeta el digital The Scotsman a los ingleses el 24/01/2012. "Este es el principal hallazgo de un importante informe del instituto de Investigación de Políticas Públicas (IPPR)", aseguran.

El mastín castellano, noble y tranquilo, por el momento, no muerde, pero no lo descarten. A fin de cuentas, si ha de enfrentarse a los lobos que atacan al ganado, o a esos otros lobos peris que le llaman despectivamente perro, maketo o charnego, no duda en hacerlo. (Nota: el mastín castellano o merinero, el utilizado por los pastores trashumantes castellanos de la Mesta de forma generalizada hasta el siglo XIX, ha sido renombrado últimamente como mastín español, ¡cómo no!, o con el nombre de las diferentes regiones, mastín leonés, mastín extremeño y mastín manchego. No es el caso del mastín del Pirineo, al parecer, distinto).
“Para los conservadores, la solución es sencilla: en los asuntos que competan exclusivamente a Inglaterra, sólo los diputados ingleses deben estar autorizados a votar. Así se evitaría que los escoceses y galeses impongan a los demás leyes que ellos no quieren en su propia casa. Los laboristas responden que esta medida atentaría contra los pilares constitucionales de Reino Unido, puesto que crearía diputados de primera y de segunda división. Pese a estos argumentos legalistas, la disputa se reduce a un puro cálculo electoral: Escocia y Gales son feudos tradicionales del partido de Blair, así que cualquier rebaja de su estatus político beneficiaría a los conservadores”

Las asimetrías conllevan problemas. Tal y como están pensando, los socialistas aquí actúan exactamente igual que los laboristas allí, puro interés partidista por delante del interés del país. La sumisión de Inglaterra/Castilla (y las demás regiones que forman Restospaña) sí, pero buscar una solución justa, simétrica, rechazando los cupos-conciertos vasco-navarros y demás asimetrías (Maragall dixit) que vienen no. Y es que también aquí los socialistas tienen un problema, auténtico complejo, con la bandera española, además de un problema electoral (pues Castilla, como Inglaterra, es conservadora), y sus feudos electorales más relevantes se localizan en la periferia (Andalucía y Cataluña, principalmente).
Recreación histórica castellanista en Burgos. ¿Algo está cambiando? Por el momento son actos más folclóricos y culturales que políticos, pero la cosa puede cambiar.
“Estrategia de desgaste. Para complicar aún más las cosas, el probable sucesor del premier, el ministro Gordon Brown, es un celta de pura cepa. Al alimentar el nacionalismo inglés, los conservadores intentan desgastarle electoralmente, especialmente en el adinerado sur del país. De hecho, hace unas semanas un destacado diputado «tory», Alan Duncan, aseguró que sería «casi inconcebible» que un escocés lidere el Gobierno tras la reforma autonómica. Aunque sus palabras no contaron con el apoyo de la cúpula de su partido, la estrategia busca desgastar simultáneamente a su otro gran rival electoral, el partido liberal-demócrata, cuyo líder Menzies Campbell también nació en tierras célticas”.
Ya me gustaría a mí que aquí, el PP, o quién sea, ‘alimentase el nacionalismo castellano’, en vez del españolismo, como respuesta a los bandazos pro-periferia del PSOE. La razón de porqué no lo hace es bien sencilla: el PP también se apunta al compadreo con los peris cuando se tercia. Es por ello que mejor hablemos de PPSOE.

Las recreaciones históricas en San Mateo, a los pies de la catedral de Cuenca, son recientes.
Traslado del pendón de Alfonso VIII de Castilla, durante las fiestas de San Mateo de Cuenca, desde la Catedral al Ayuntamiento, y viceversa, el 20 y 21 de cada septiembre respectivamente, que recuerda la conquista castellana de la ciudad. Un acontecimiento, junto con la ofrenda floral en la estatua del rey castellano, que bien podría convertirse en un acto de afirmación política castellanista todos los meses de septiembre.
“Tras semanas de debate, el Gobierno se ha convertido en el más ferviente defensor de la vigencia de Reino Unido, que acomoda bajo una misma bandera a Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte. En su opinión, cambiar la actual normativa crearía aún más problemas, como la posibilidad de que los laboristas obtengan la victoria electoral en toda la nación, pero que los «tories» acaparen la mayoría de diputados ingleses. Según ellos, esta crisis constitucional sin precedentes crearía un Gobierno bicéfalo que, a la larga, acabaría con la descomposición de Reino Unido en cuatro países distintos. Si estos temores se hicieran realidad, se trataría de una monumental jugarreta del destino para los conservadores, únicos defensores durante décadas de la centralización de poder en Londres bajo la «Union Jack» frente a las ansias autonomistas del laborismo".

En resumen, ¿les suena la música? Las asimetrías devienen en agravios y desigualdades, en injusticias y cabreos, y más pronto que tarde en descomposición política. El fútbol no es sino un buen termómetro social para medir lo que sucede. Preparémonos para ese nuevo escenario, pues esto no hay quien lo pare, empecemos por reunificar las CCAA nucleares castellanas (Castilla la Vieja y Castilla la Nueva), y leonesas (si así lo creen conveniente sus ciudadanos), en una única autonomía, como primer paso, y si la descomposición del Estado va a más, incluso sería conveniente restaurar el viejo Reino de Castilla completo, hasta Tenerife.

P.D.: España 4, Italia 0. Olé.

6 comentarios:

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    1. Escucha, membrillo, David Cameron no dudó en espetar a los escoceses:

      "Let them go! (¡Qué se vayan!). No hay nada que negociar, pero aténganse a las consecuencias"

      Y nadie duda de que los conservadores ingleses apuestan por el mantenimiento del Reino Unido. Una cosa no quita la otra. Eso es justamente lo que yo echo en falta aquí, entre los castellanos, gente con las ideas claras y un mínimo de dignidad.

      ¿Quién dices que no ha entendido la realidad británica y/o española?

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  2. Así es, pedazo gilipollas. ¿Tú no te alegras de la victoria de tu país?, ¿hispanofobia tal vez? se necesita ser estulto. Qué tendrán que ver los cojones con comer trigo cuando de castellanismo se trata. Yo no odio a mi país, España, ni a ninguna de sus regiones. Tú si odias a tu país y lames el culo a quienes hacen de ti un limón al que exprimir, porque el periferismo es eso: solo yo y todo para mi, quiero privilegios a costa de otros, etc. No dudo, sin embargo, en combatir las desigualdades que permite mi país, y a los busca-privilegios. Y solo un imbécil puede neqar que eso no existe, que los peris separatistas no son otra cosa que sanguijuelas. Por cierto, que crea que es buena la unidad de España no me impide reconocer que aveces los matrimonios fracasan y es mejor expulsar a toda la gentucilla desleal. Anda Juanito, cuando te llamen charnego, es decir, perro, mueve la colita. Porque por si no lo sabes, xarnego es una subespecie de perro callejero en catalán que aplican exclusivamente a los castellanohablantes como tú.

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    2. Si leyera, y sobre todo, si entendiera lo que lee, sabría quién expolia a quién. Pero Dios no le dio inteligencia suficiente, mala suerte chico, quizás en otra vida.

      En una cosa tiene razón, señor charnego, el Estado ha destruido a Castilla... pero por exigencias y para beneficio periférico, además de por pura ineptitud. Ojalá hubiésemos aceptado tirar por la borda a tanto traidor hace 100 años, ahora no estaríamos todos como estamos, nosotros arruinados, exhaustos y ellos contaminados de obreros inmigrantes perros castellanohablantes. Y digo perros porque me gusta traducir al castellano las palabras catalanas, más que nada porque se entienden mejor, en toda su plenitud, con todo su significado e intencionalidad. No me interesa lo más mínimo su concepto de 'integración' forzosa, fascistoide, asimiladora, destructora de la integridad del emigrante, del individuo, al que se le hace avergonzarse de sus orígenes, de su cultura, etc.

      Y si no te gustan las verdades que aquí se cuentan, no se que haces leyéndolas. A mi no me gustan tus insultos por ejemplo a los de Cuenca, Zamora, Almería y Murcia y procedo a eliminarlos y me quedo tan pancho. Oye, muy bueno eso de que para ser castellanista hay que ser de extrema izquierda, no paro de reírme... de ti. Tus colegis peris piensan que castellanismo es fascismo, a ver si os ponéis de acuerdo.

      Hasta luego, pringao.

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