sábado, 22 de octubre de 2011

Castilla e Inglaterra, en la encrucijada política (I)

Por Javier Martínez.

En abril y julio de 2006 se publicaron sendos artículos, en El País y La Razón, sobre un tema común, cuyos autores, John Carlin y Gonzalo Suárez, firmaron respectivamente, con los títulos de '¿Nacionalismo? Los ingleses también. El creciente papel de los escoceses desata irritación y un patriotismo nuevo en Inglaterra' y ‘Los ingleses descubren el nacionalismo. La descentralización de Blair alimenta los agravios comparativos de Inglaterra con Escocia’. 

Ambos dan cuenta de un fenómeno político nuevo en las islas del que no resisto la tentación de extrapolarlo, al ver similitudes, al caso castellano. Castilla e Inglaterra, creadoras ambas de las dos culturas occidentales más potentes, presentan una trayectoria histórica semejante en múltiples aspectos, y salvo matices, un presente político similar. 

Comentemos hoy el primero de ellos. “No está más allá de los límites de lo posible imaginar que algún día los ingleses decidan boicotear el whisky escocés y optar por el de Irlanda, Kentucky o incluso el español. No es inconcebible que llegue el momento en el que las amas de casas inglesas recorran los supermercados con listas extraídas de Internet que identifiquen productos prohibidos ‘made in Scotland’” empieza escribiendo John Carlin. ¿Les recuerda a algo eso del boicot como método social de repulsa a un ataque político previo? 

Continuemos: “Gordon Brown, el ministro de Finanzas británico y presunto heredero de Tony Blair como primer ministro, hizo un discurso hace poco en el que destacó la necesidad de definir con más claridad y orgullo el concepto de la britanidad (britishness). Habría que imitar más a los americanos, celebrar un día patrio ‘equivalente al 4 de julio’ (día en el que los americanos festejan el fin de la colonia británica, pero Brown no parece haber detectado la ironía) y ‘plantar la bandera en todos nuestros jardines’. El problema, como señaló el líder conservador David Cameron, es que para los británicos, la gente con el sentido del ridículo más elaborado de la Tierra, ‘eso sencillamente no se hace’. Plantar la bandera británica en el jardín es, en cuanto al carácter nacional, lo más anti británico que hay. Por eso a nadie se le escapó que el motivo real por el que Brown decidió envolverse en la bandera británica fue para cubrir el hecho de que es, de pies a cabeza, escocés. Dado que la diferencia entre el acento londinense y el de Glasgow, la ciudad natal de Brown, es tan marcada como la diferencia entre el acento madrileño y el mexicano, el ministro de Finanzas se delata cada vez que abre la boca. Y esto, en una época en la historia de Gran Bretaña en la que los ingleses se sienten especialmente resentidos con sus vecinos del norte, se puede convertir en un serio problema político para él”.

En España, salvando las distancias, tenemos políticos de fuerte perfil castellanófobo (no solo en partidos peris separatistas), cuando se ganan el pan pastoreando ovejas periféricas (o peris), que no dudan en ocultar cuando aspiran al cargo de ministro español, y que milagrosamente recuperan cuando han de volver a trincar un sueldo público en sus regiones natales. Es el caso de la ministra de Defensa, Carmen Chacón (PSC-PSOE), durante un tiempo aspirante no disimulada a suceder a Zapatero en el cargo de presidente del gobierno, que dejaba a un lado su lado más castellanófobo (como buena catalanista que es), hecho que recuperó en cuanto le dijeron en su partido ‘nena, el cargo es para Alfredo’ (desde entonces ‘Aldedo’) y tuvo que buscarse precipitadamente acomodo en su tierra natal ante la debacle que esperan el 20N, acontecimiento que le sirvió para recuperar su discurso pro imposición fascio-lingüísta más anticastellano y apoyar de nuevo los sutiles planes de exterminio y asimilación cultural que tan exquisitamente ejecuta la Generalidad de todo signo, y que una vez desmantelados en sentencia firme por el TC piensa pasarse por el arco del triunfo. No estamos hablando, como en el caso inglés, de acentos, sino de lenguas enteras y actitudes hacia los derechos de los hablantes de éstas, que por lo visto, la ‘señora’ niega. El respeto hacia todas las lenguas españolas que acertadamente consagra la Constitución, en la práctica, solo es efectivo para las lenguas minoritarias o periféricas; la libertad lingüística no existe porque eso significaría que la gente no elegiría necesariamente lo que a los caciques regionales de turno les gusta o conviene. No llegamos a verle nunca apostar por ‘la necesidad de definir con más claridad y orgullo el concepto de la britanidad, en nuestro caso, de la hispanidad’, pese a que se le supone, dado el ministerio que no dudó en dirigir.

“Como ha escrito The Sunday Times, ‘Brown teme que un exceso de escociedad, como corroboran las encuestas, pudiera convertirse en un obstáculo para su ambición de ser primer ministro... Está jugando con nuestro sentido de identidad nacional para resolver su propia crisis’. Algo nuevo está ocurriendo en Inglaterra. Se vislumbran las semillas de un impulso separatista que desde el Acta de Unión con Escocia de 1707 no ha existido. Se debe a dos factores. Primero, una reacción visceral entre la gente de a pie al rechazo hacia los ingleses que significó la creación de un Parlamento escocés en el año 2000. Segundo, a la extraordinaria anomalía (palabra utilizada constantemente por políticos de todos los colores) de que, desde que empezó a funcionar el Parlamento escocés, los diputados escoceses en el Parlamento británico de Westminster, en Londres, ejercen más poder sobre las leyes inglesas que los diputados ingleses sobre las leyes escocesas”.
En Londres lo tienen claro. Es perfectamente compatible ser una gran urbe cosmopolita con mantenerse rabiosamente inglesa y británica. En Madrid, por el contrario, la derecha española (PP) cree que para ser cosmopolita y españolísima hay que olvidarse de ser castellanísima, y no paran de soltar estúpidas soflamas como 'los madrileños somos doblemente españoles' o 'la identidad de Madrid consiste en no tener identidad'. Estúpidos. La izquierda española (PSOE),  ignorantes e iletrados en su mayoría, desconocen o reniegan de su condición de castellanos 'por ser cosa de fascistas, imperialistas y opresores centralistas', reforzando y avalando al 'periferismo' más casposo. Estúpidos.
En España, es evidente que hay un fuerte rechazo hacia Castilla, los castellanos y lo castellano en todos los movimientos políticos periféricos de raíz separatista. Rechazo que data desde los años ochenta del siglo XIX, cuando se formulan las teorías supremacistas de las ‘razas’ vasca y catalana, que les llevó a ‘encontrar’, pocos años después, un rh sanguíneo negativo diferente en el primer caso y un cráneo dolicocéfalo distinto en el segundo, y que llega hasta nuestros días. ¿Está ocurriendo algo nuevo en Castilla al igual que en Inglaterra? Es difícil verlo, pero creo que sí, no en la esfera política todavía, pero sí en la social. Muchos castellanos nos sentimos identificados y reflejados en el caso inglés. Empieza a percibirse una reacción, si no visceral, sí frecuente de hartazgo hacia las ofensas que los peris profieren día sí y día también contra nuestra tierra, Castilla, contra nuestros paisanos emigrados, contra nuestra historia y carácter, contra nuestra lengua y cultura, hartos del tono político chantajista permanente al resto del país o Restospaña. Pero también hartos de la complicidad, consentimiento y encubrimiento que desde el PPSOE se practica bajo excusas como la gobernabilidad, etc.
"Empieza a percibirse un hartazgo hacia las ofensas que los peris profieren contra Castilla, hartos del tono político chantajista permanente al resto del país o Restospaña. Pero también hartos de la complicidad, consentimiento y encubrimiento que desde el PPSOE se practica bajo excusas como la gobernabilidad, etc."
Aquí también existe esa anomalía de la que se quejan los ingleses. Aunque en España se dotó de autonomía a todas las regiones, se hizo de manera chapucera, creando autonomías (y ciudadanos) de vía rápida y vía lenta, esto es, de primera y de segunda, pero sobre todo se aceptaron ciertos privilegios fiscales a vascos y navarros que ahora Cataluña denuncia, con razón, como injustos y ventajosos, pero no para suprimirlos, sino para adoptarlos… y poder así succionar al resto. Doña Carmen Chacón, en retirada de la política nacional (eso si, temporalmente, puesto que volverá a intentar el asalto al PSOE cuando solo queden los escombros post20N, como todo el mundo sabe), ya se ha apuntado a la idea catalanista de ‘nueva financiación de Cataluña’ que solo tendrá en cuenta las balanzas fiscales… olvidándose, no por casualidad, de las balanzas comerciales y las de ahorro-inversión. Ver aquí, qué es y qué sucedería si se extendiese a Cataluña el cupo vasco

Pero no solo eso, triturada y destrozada Castilla durante la Transición en hasta cinco regiones inoperantes, irrelevantes e insostenibles por separado, se consumó nuestra anulación política y económica, haciéndonos fácilmente ninguneables por peris y gobierno central. Los castellanos, justo es reconocerlo, chapoteamos en el cutre y estéril localismo provincial, para mayor desgracia y ahondamiento en nuestra desunión, dicho sea como auto crítica algo que también necesitamos hacer. Así se ha llegado hoy al esperpento legal de ver cómo los nacionalistas canarios, a cambio de inversiones concedidas por Zapatero, apoyaban una subida de IVA al 18% a todos los peninsulares, impuesto del que ellos están exentos gracias a la generosidad del resto de españoles. Ellos deciden sobre nuestros impuestos, pero nosotros no sobre el IGIC (Impuesto General de las Islas Canarias, antaño llamadas Nueva Castilla del Atlántico o Castilla del Atlántico, que parecen haber olvidado).
'Home rule', aproximadamente, reglas autóctonas, normas propias o gobierno propio. Leyenda junto a la bandera de San Jorge inglesa proyectada sobre la fachada del Parlamento británico.
Algo parecido, pero infinitamente más frecuente sucede con vascos, navarros y catalanes, entre otros. Ellos votan en el Parlamento español infinidad de cosas que no les afectan, por cuanto en su caso ya está transferido. Votan nuestros asuntos, no solo las cosas comunes. No dirán que se abstienen. Especialmente sangrante es lo referido a las infraestructuras y la fiscalidad (vascos y navarros tienen un régimen fiscal diferente y Cataluña aspira a copiarlo), lo que probablemente aprovechen para hacernos menos competitivos, para ‘quitarnos’ de en medio ¿Porqué no votar una subida de impuestos en Restospaña, al tiempo que promuevo unas vacaciones fiscales en mi casa, y de paso rascar algo a cambio del apoyo al inquilino de turno de la Moncloa? La tentación existe… y se lleva a cabo. Los nacionalistas canarios, los últimos en apuntarse. Otro ejemplo: los peris peninsulares presionan para incluir en sus respectivos estatutos la cesión de las cuencas hidrográficas de los ríos más o menos locales, pero no quieren ni oír hablar de la posibilidad de que en el interior seamos los castellanos quienes gestionemos nuestras aguas ‘que son de todos los españoles’. Andalucía se ha apropiado del Guadalquivir (con la aquiescencia del Parlamento español) y toda su cuenca hidrográfica en su estatuto mientras Castilla la Nueva y Extremadura pasan la mano por la pared. Ellos deciden sobre sus ríos sin que nosotros pintemos nada, pero sobre los nuestros, todos mandan. ‘Lo mío es mío, y lo vuestro de todos’, esa, y no otra, es la divisa por la que se rigen. Y así tenemos los humillantes acueductos Tajo-Júcar-Segura, o el canal Cerneja-Ordunte en la otra meseta, para los que, naturalmente, no existe una España radial a superar... ¿por qué será?
No al trasvase Tajo-Segura. Castilla NECESITA su agua.
Otro ejemplo más. Los peris separatistas, con apoyo paleo-socialista, están ya legislando sobre gramática castellana, ¡tócate los pies! Ahora nos dicen incluso como hemos de escribir en nuestro idioma ciertas palabras con la excusa de que son nombres propios. Ni rusos ni italianos nos obligan a escribir Mockba ni Milano, pero vascos y catalanes sí. Y muchos tontainas castellanos, generalmente de izquierdas y/o con nulo sentido castellanista, pero también de derechas, incluso lo ven bien, o no ven el problema de tal intromisión y sumisión cultural. Ellos mientras tanto, no se aplican en sus pírricas diarreas idiomáticas esas mismas reglas y repiten, con desvergüenza, ‘Castella, Saragossa, Terol, etc.’ Al menos los ingleses no se arrugan ante esas ‘reglas’ gilipollas (ni aceptan que sean políticos, en lugar de académicos, quienes legislen sobre gramática), ni Inglaterra es un reino troceado como Castilla… y hasta empiezan a demostrar un sano orgullo nacional. Digo ‘sano’ porque no son separatistas, no van contra nadie, es en defensa propia.
Apoyo a un Parlamento inglés propio, sin peris británicos.
"Para mí esto es mucho más que una anomalía", dice lord Baker, ministro del Interior británico en tiempos de Margaret Thatcher. "Es una afrenta a los principios democráticos más elementales, y si eso sigue así, la situación se podría volver muy, muy fea". Para mí también, y no solo es una afrenta a los principios democráticos más elementales, cosa que en España a nadie importa, dicho sea de paso, es una afrenta a Castilla y a cuantos tenemos por gentilicio ser castellanos y/o ser oriundos o tributarios orgullosos de ese viejo reino y su lengua y cultura.

“Lord Baker (anteriormente Kenneth Baker), que habló con EL PAÍS en su despacho de la Cámara de los Lores, introdujo el mes pasado [se refiere a marzo de 2006] una propuesta de ley cuyo objetivo es corregir el desequilibrio constitucional entre Escocia e Inglaterra; una propuesta que acaba de incorporarse como política oficial del Partido Conservador. El problema es el siguiente. El Parlamento escocés es autónomo en todo lo que tiene que ver con política de salud, agricultura, educación y transporte. Antes de 2000 esto se hacía desde Westminster, y se sigue haciendo así para Inglaterra, que no tiene -ni hasta ahora ha deseado tener- su propio Parlamento”

Fíjense que los ingleses, pensando en el interés propio pero también en el británico común, hablan de ‘corregir’, no de ‘separarse’. El nacionalismo inglés no es separatista, es integrador, solo pide igualdad jurídica, es sano. En esto los castellanos somos ligeramente diferentes, tan solo hablamos del interés común español, rara vez del nuestro. Somos altruistas, quijotes. Deberíamos copiarles. Incluso no falta el cateto que cree que pensar también en nuestro particularismo como pueblo es poco menos que equipararse a los separatistas disgregadores. Nada más lejos de la realidad y de mi intención, españolísimo e integrador, oiga, pero no bobo. Admiro a los ingleses.

"’Entonces’, como dice lord Baker, ‘hay una injusta división de poderes en Westminster, y lo que yo propongo es una fórmula para que sólo diputados ingleses voten sobre cuestiones inglesas’. Actualmente, las únicas leyes que se hacen para Escocia desde el Parlamento británico son las que tienen que ver con los impuestos, la seguridad social, y la guerra y la paz. Para Inglaterra se hacen estas leyes y absolutamente todas las demás. Eso significa que los 58 diputados [escoceses] pueden votar en contra o a favor de un alto porcentaje de leyes inglesas sin representatividad democrática alguna”

¿Se imaginan ustedes una propuesta semejante aquí del Partido Conservador español, el PP?

“Ian Jack, director de la editorial Granta y ex director del diario The Independent, es una conocida figura escocesa en Inglaterra. Jack, que lleva 36 años en Londres, observó que, a diferencia de la imagen que se puede tener de los británicos en el resto de Europa, esta ‘aberración’ constitucional demuestra ‘lo poco racionales que somos’. ‘Un país más racional tendría cuatro asambleas legislativas -una para Escocia, una para Gales, una para Irlanda del Norte y otra para Inglaterra-, y quizá la Cámara de los Lores para temas que afectan a todos".
Camiseta pro Parlamento Inglés Ahora. En Castilla, su equivalente sería pro Reunificación de Castilla en una sola CCAA con un único Parlamento y Gobierno castellano.
En España tampoco hemos demostrado ser muy racionales. En lugar de hacer cinco asambleas legislativas, una por cada uno de los cinco verdaderamente históricos y viejos reinos hispánicos (Portugal, León, Castilla, Navarra y Aragón), o al menos una por cada verdadera región (Castilla la Vieja-León y Castilla la Nueva, en el caso castellano, son una única región con sentido geográfico e histórico innegable), optamos por hacer regiones incluso de provincias (La Montaña, Logroño y Madrid) y ciudades (Ceuta y Melilla), llegando a 17 mini-estados autónomos más dos ciudades. Si por mí fuera, de 17+2 pasaríamos a 13 y punto. De Santander a Puertollano, todo campo castellano, lo que incluye la comarca de Utiel-Requena, o meseta (que no 'plana', palabro no castellano que es ofensivo en estas tierras) de Requena-Utiel, ese trozo de Cuenca que el secretario de Estado malagueño, Javier de Burgos, mantuvo en Cuenca en 1833 (año en el que se crearon las provincias actuales mediante una simple circular), pero a quien un iluminado se le ocurrió segregar en 1851 (Real Orden de 25 de junio) y meter en la provincia de Valencia con calzador, saltándose la geografía y la historia de la meseta y de Castilla, para que la chapuza sea completa y doble (la segregación eclesiástica vino mucho después, allá por el 1957 si no recuerdo mal). Acontecimiento sin dudarlo, claramente periferista, propio de un Estado periferista que pone en duda la existencia del cacareado interesadamente Estado 'centralista' dirigido por los 'opresores castellanos'. Y es que en España sobran muchas CCAA, no así Diputaciones (auténticos ayuntamientos compartidos de cientos de pueblos que a través de éstas deben agruparse para compartir servicios y costes y crear sinergias), como ha puesto de manifiesto la mega crisis actual, que no solo se ha llevado por delante el modelo productivo, también la arquitectura institucional. O debería.
Mapa de la Castilla y el León nucleares (Castilla la Vieja + León + Castilla la Nueva) tal y como quedaría en una sola CCAA  española. No se incluyen pues, otros territorios castellanos y leoneses del viejo reino de Castilla y León, dado que no se trata  de restaurar éste (al menos mientras exista España, en caso contrario tal vez si sería conveniente), sino de revitalizar y corregir el mapa y modelo autonómico español actual.

“Parte de la reacción la ha dado lord Baker; otra, el Partido de los Demócratas Ingleses fundado en 2000 con el propósito de ir más allá que Baker y crear un Parlamento inglés. ’Gordon Brown está yendo en contra de la corriente histórica", dice Robin Tilbrook, líder del nuevo partido. ‘Hace apenas 15 años, las encuestas demostraban que los ingleses se sentían primero británicos y después ingleses. Hoy los ingleses dicen, mayoritariamente, lo contrario. En este sentido se han vuelto mucho más nacionalistas, como siempre han sido los escoceses"


Pues es lógico; si tu casa es solo tuya, ¿por qué la mía ha de ser de ambos? Sentirse más británico (o español) que inglés (o castellano) es lo natural en una situación de igualdad y reciprocidad, pero si estas se pierden, adiós a la casa común. ¿Terminará sucediendo lo mismo con los castellanos? Con los mismos ingredientes, se cocinan iguales guisos. Como puede deducirse, el auge del sentimiento nacional inglés, y en su caso castellano, no es fruto de teorías raciales ni delirios de superioridad cultural, que por otra parte, dado el glorioso legado tanto de Inglaterra como de Castilla serían muy fáciles de construir y vender, sino del hartazgo de un trato manifiestamente injusto por parte tanto de nuestros connacionales peris como del Estado mismo, a partes iguales, que nos condena, inmerecidamente, a una posición de irrelevancia, a la nadería, al ninguneo permanente, cuando no al expolio pactado entre unas élites políticas castellanas ambiciosas de cargos nacionales que solo miran por el interés personal y unos peris insaciables a la hora de trincar lo ajeno (ver artículo sobre el expolio fiscal que padecemos los castellanos y sobre el expolio empresarial).

¿Acaso no es un insulto a la verdad oír y leer continuamente aquello de las ‘comunidades históricas’ en referencia a regiones con una historia más corta que las mangas de un chaleco frente a una descomunal trayectoria histórica, cual es la de Castilla, auténtico conglomerado intercontinental en su cénit histórico?, ¿porqué las instituciones, la prensa, los partidos peris separatistas de todo signo y toda la izquierda española denominan como ‘históricas’ a aquellas regiones en cuyo expediente solo figura haber aprobado un estatuto de autonomía durante la República? Para quien no lo sepa, Castilla tenía listo el suyo, pero la guerra civil estalló y no llegó a aprobarse, lo que al parecer nos priva de ser ‘históricos’. ¿Cuántos españoles conocen las Bases de Segovia de 1919 (equivalentes a las Bases de Manresa) que regularían la ‘ya creada’, aunque no operativa, Mancomunidad Castellana de 1914 que buscaba reunificar todas las provincias castellanas de ambas submesetas, creada unos meses antes que la Mancomunidad Catalana?, ¿quién recuerda hoy el Pacto Federal Castellano de 1869 cuyo objetivo era la reunificación de las 17 provincias de ambas Castillas y León?
Para la prensa y la política española, Castilla no es una región histórica. Para ser 'hitóricos', y lo que eso supone de privilegios político-económicos, hay que ser desleal con el resto de España por lo que se ve.
“La expresión más notable del crecimiento del sentimiento inglés entre la gente de a pie ha sido el auge extraordinario en las ventas de banderas inglesas desde que comenzó el siglo. También se ve algo hoy que hubiera sido inimaginable hace una década: pegatinas en los coches proclamando el nacionalismo inglés. Esto no es tanto una reacción al complejo dilema constitucional, cuyos detalles pocos conocen aunque el tema se debate más y más en los medios, sino a que muchos ingleses están sencillamente hartos de lo que perciben como una falta de respeto permanente hacia ellos de parte de los escoceses. Muchos ingleses se fijaron, por ejemplo, en que (recordando un tanto la actitud de algunos catalanes hacia la selección española) cuando Inglaterra jugó contra Brasil en los cuartos de final de la última copa del mundo media Escocia se compró una camiseta brasileña” prosigue el artículo. 

Aquí, vascos y catalanes principalmente, más peseteros, no compraron todas las camisetas de nuestros rivales (que son también los suyos), pero se inflaron a declaraciones deseando la derrota de España, apoyando ‘a cualquiera que juegue contra España’.

"’Incluso ahora que han logrado su objetivo de tener su propio parlamento, y que hay seis ministros escoceses en el gabinete de Blair, no dejan de menospreciar a los ingleses’, señaló un alto funcionario del gobierno en Londres. ‘Hay un creciente sentimiento de irritación ante la idea que parecen tener muchos escoceses de que pueden reírse de los ingleses de una manera que sería absolutamente inaceptable si fueran negros, musulmanes o judíos’".

De esto, los castellanos sabemos bastante, sin que ningún político castellano, o partido nacional, denuncie las vejaciones ‘para no irritarles’, ‘por el bien de España’, ‘para integrarles’, ‘porque no son todos así’... Con la diferencia de que aquí no llevamos 15 años padeciéndolas, sino 130, que ya son tragaderas. En esto admiro a la clase política inglesa, no están dispuestos a soportar tanto. 

Así, recordemos algunas citas y frases míticas (tengo seleccionadas unas 80 páginas de citas anti castellanas de similar tenor a las expuestas a continuación de los últimos 130 años):

“Castellanos de Castilla, tratad bien a los gallegos; cuando van, van como rosas; cuando vuelven, vuelven como negros [...], A Castilla fue por pan, y jaramagos le dieron, diéronles hiel por bebida, penitas por alimento. Diéronle, en fin, cuanto amargo, tiene la vida en su seno..., ¡Castellanos, castellanos, tenéis corazón de hierro! [...], Permita Dios, castellanos, castellanos que aborrezco, que antes los gallegos mueran, que ir a pediros sustento. Tan mal corazón tenéis, secos hijos del desierto, que si amargo pan os ganan, lo dais envuelto en veneno [...]. ¡Castellanos de Castilla, tenéis corazón de acero, como peña el alma dura, y sin entrañas el pecho!, En tronos de paja erguidos, sin fundamento, soberbios, aún pensáis que vuestros hijos, para serviros nacieron. Y nunca tan torpe idea, tan criminal pensamiento, cupo en cabezas más faustas, ni en más fastuos sentimientos. Que Castilla y castellanos, todos en montón revueltos, no valen lo que una brizna, de nuestros campos tan frescos. Sólo ponzoñosas charcas, sobre el ardoroso suelo, tienes, Castilla, que mojen, esos labios sedientos. Que el mar te dejó olvidada, y lejos de ti corrieron, las blandas aguas que traen, las plantas cien semilleros. Ni árboles que te den sombra, ni sombra que preste aliento... llanura y siempre llanura, desierto y siempre desierto..., Eso te tocó, cuitada, por herencia de universo, ¡miserable fanfarrona!..., triste herencia fue por cierto. En verdad que no hay, Castilla, nada como tú tan feo, que mejor aún que Castilla, valiera decir infierno. ¿Por qué fuiste, mi bien?, ¡Nunca tal hubieras hecho!, ¡Trocar campiñas floridas por triste campos sin riego!, Trocar las fuentes más claras, ríos tan murmuraderos, por seco polvo que nunca, mojan lágrimas del cielo [...]”
(Rosalía de Castro, poeta preferida de los nacionalistas gallegos, soltando bilis contra Castilla y los castellanos, eso sí, en estupenda prosa).

“Existe una raza catalana, de origen ario-gótico, superior al resto de pueblos peninsulares, de raíces semíticas. Mientras los catalanes reconquistaron pronto sus territorios y entraron bajo la benéfica influencia aria de los francos, Castilla pasó largos siglos dominada por los semitas «árabes y bereberes» lo que explica la radical diferencia y la incompatibilidad de ambos pueblos”.
(Valentí Almirall, político catalanista, republicano y federalista, periodista, ensayista y abogado, autor de más de 800 artículos de fuerte contenido anticastellano, en Lo catalanisme, 1886, transmitiendo la idea de la superioridad aria de los catalanes e incompatibilidad expresa con los castellanos).

“Los zulúes, los castellanos y los antropófagos aún tardarán algunos siglos para gozar de los frutos de un positivo bienestar social, puesto que estas razas de espíritu regresivo son refractarias al progreso humano”.
(Antoni Sayós i Paramon, ideólogo catalanista de finales del s. XIX)

“Hoy no puedo jugar, mamá: todos los niños son castellanos”.
(Dramática confesión del niño Oriol Pujol, hijo de Jordi Pujol, a su madre Marta Ferrusola, revelada por ésta el 20/02/2001 en una conferencia organizada por La Caixa de Gerona)

"Son grandes, totales, irreductibles las diferencias que separan Castilla y Cataluña, Cataluña y Galicia, Andalucía y Vasconia. Las separa, por no buscar más, lo que más separa, lo que hace a los hombres extranjeros unos de otros, lo que según decía San Agustín en los tiempos de la gran unidad romana, nos hace preferir a la compañía de un extranjero la de nuestro perro, que al fin y al cabo, más o menos nos entiende: les separa la lengua"
(Enric Prat de la Riba, padre del nacionalismo catalán en "La nacionalitat catalana", 1906, dejándonos claras sus preferencias por un perro antes que por un castellano extranjero)

“Ahora que los portugueses quieren ser España, que se preparen los castellanos”
(Pascual Maragall, presidente de la Generalidad de Cataluña, en referencia a una encuesta publicada el 23 de septiembre en el diario luso Sol en la que se desvela que el 27,7% de los portugueses es partidario de la unificación con España. El Mundo, 13/10/2006)

"Rebajamos y menospreciamos todo lo castellano, a tuertas y derechas, sin medida."
(Enric Prat de la Riba, padre del nacionalismo catalán en "La nacionalitat catalana". 1906)

¿Debería Castilla tener un único Parlamento y Gobierno reunificado? Clique aquí para firmar la petición.
“La indignación [inglesa], no del todo diferente a la reacción que se ha dado en ciertas partes de España a la cuestión del estatuto catalán, parte de la idea de que ‘¡les hemos dado todo lo que quieren, piden más, y encima nos insultan!’”, prosigue el citado artículo.

“¿Injusticia con los ingleses? Lord Baker, cuya esposa es escocesa y cuyos dos hijos han hecho sus estudios en Escocia, teme que llegue el día en que estos sentimientos viscerales anti escoceses converjan con una percepción generalizada de lo que él ha entendido: que a nivel político los ingleses están sufriendo una injusticia. Cuando afirmó que el clima político se podría poner ‘muy, muy feo’, lord Baker tenía en mente, explicó, la siguiente hipotética, pero altamente posible, circunstancia. ‘Imagínese que nuestro próximo gobierno sigue siendo laborista con una mayoría reducida y Gordon Brown a la cabeza. Imagínese que el gobierno introduzca una ley impopular que cambie el sistema escolar inglés y que apruebe la ley gracias a la mayoría que le darían los votos de los diputados escoceses, que incluirían el voto del mismísimo Brown. Imagínese que, como es probable en este caso, nuestra prensa sensacionalista caliente los ánimos. Lo que habría, se lo aseguro, serían disturbios callejeros".

“Esto, dice Baker, ‘no es fantasía’. El gobierno laborista actual no quiere coger el toro por los cuernos por un sencillo motivo: ‘En Inglaterra raras veces tienen mayoría parlamentaria los laboristas. Dependen de los diputados escoceses para poder formar un gobierno’. Pero, más allá de consideraciones partidistas, existe un problema objetivo irrefutable, dice lord Baker, que los mismos laboristas reconocen como tal. ‘Tarde o temprano algo ocurrirá que haga que la mayoría de la gente se percate de la injusticia que estamos viviendo y por eso estoy convencido de que un día, aunque quizá yo no viva para verlo, habrá un parlamento inglés’”

Recomiendo leer el artículo '¿Pueden los laboristas ser el partido de Inglaterra?' en http://toque.co.uk/node/2000; o este otro, de un servidor: que trata sobre el segundo plato que el PSOE adjudica a Castilla en el contexto español.
En Castilla, el problema no viene solo de los desleales, insaciables y chantajistas peris, también de nuestra clase política local, que nos malvende por un plato de lentejas en cuanto llegan a la carrera de San Jerónimo.
En España, los paleo-socialistas rara vez pueden gobernar en solitario si no es por el fuerte apoyo que cosechan, previo pago, entre los peris catalanes y vascos, y andaluces, principalmente, donde se financia una nueva historia tendente a presentar como ominosa la conquista castellana y a negar el origen castellano de los andaluces (Castilla la Novísima, ahora Andalucía, parece haber caído en el olvido). Por similitudes fonéticas, se les hace creer que descienden de los andalusíes, esto es, de los musulmanes habitantes de Al-Andalus (o España musulmana, cualquiera que fuera su extensión, que no Andalucía), y con los que esperan, cordón sanitario mediante, compadrear y pastelear el poder. Dicho con otras palabras, el PSOE necesita de, y no duda en coaligarse con separatistas derechistas tipo PNV y CiU, o con separatistas izquierdistas tipo ERC, BNG, etc., con tal de mandar. El PP, no nos engañemos, si se tercia, hace lo propio, aunque solo con separatistas derechistas.

Y también aquí, más allá de consideraciones partidistas, existe un problema objetivo irrefutable, cual es el injusto trato y agravio que Castilla recibe por parte del Estado en temas cruciales como los citados: expolio fiscal y empresarial, expolio de ríos y recursos (electricidad, etc.), trato vejatorio lingüístico, ley electoral deplorable que prima a minorías desleales periféricas con sobre-representación parlamentaria, aceptación política de los chantajes crónicos a nuestra costa… amén de una infumable división territorial en cinco CCAA, que algún día, espero vivir para verlo, habrá un parlamento y gobierno reunificado de toda Castilla. Un servidor, como los ingleses, ya se ha puesto la pegatina con el pendón rojo carmesí castellano en el coche. Y todo ello, al igual que los ingleses, sin el más mínimo rechazo a su ‘britanidad’, hispanidad o españolidad, que quede bien claro. Otro día, comentamos el artículo en La Razón de Gonzalo Suárez. Buen día.
Péguela en su coche, que se note que somos castellanos y españoles, no restospañoles, ni el pepito grillo del Estado de las Autonosuyas.

7 comentarios:

  1. No sabía que Inglaterra no tenía su propio Parlamento, básicamente porque no me había parado a pensarlo. Sería algo así como la Asamblea de Madrid en nuestro país, que por cierto está en el barrio de Puente de Vallecas, en Madrid.
    Estoy de acuerdo con que Inglaterra tiene tanto derecho a tener parlamento como los escoceses, irlandeses del norte o galeses. ¡Faltaría más!

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  2. Los castellanos también tenemos derecho a tener un único y reunificado Parlamento y Gobiernos castellanos. ¡Faltaría más!

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  3. Sin duda es interesante recuperar el Consejo de Castilla o Gobierno de Castilla. Ojalá lo veamos, por separado no vamos a ningún lado. Los periféricos, al votar en el parlamentoespañol sobre cosas que ellos tienen transferidas, nos están gobernando sin que nosotros hagamos lo propio en lo suyo. Es indigno. Adelante con la iniciativa. Me gusta el blog. Uno de Salamanca.

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  4. El café solo para tres, defendido por los periféricos y aceptado por cuatro idiotas del interior, tiene por objetivo convertirnos en colonia de la periferia. Ellos decidirían sobre sus asuntos (sin que nosotros tengamos nada que decir ahí), al tiempo que también decidirían sobre los nuestros "que son asuntos de todos". Yo también me abono a la teoría de la expulsión. Ellos no van a cambiar y del PPSOE de aquí no me fío, acabarán aceptando el café para tres, la sumisión.

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  5. Que interesante. No había pensado las semejanzas entre el pueblo castellano y el inglés. Felicidades por el Blog. Está muy trabajado y bien escrito.

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