domingo, 2 de octubre de 2016

¿Qué problema tiene la izquierda española con Castilla?, ¿y la derecha?

Por Javier Martínez.
     
     Me viene a la mente una, a mi juicio, clarividente cita de Muñoz Molina[1] sobre la deriva ideológica de la izquierda española según la cual en las regiones periféricas “primero se hizo compatible ser nacionalista y ser de izquierda. Después se hizo obligatorio. A continuación, declararse no nacionalista se convirtió en la prueba de que uno era de derechas. Y en el gradual abaratamiento y envilecimiento de las palabras bastó sugerir educadamente alguna objeción al nacionalismo ya hegemónico para que a uno lo llamaran facha o fascista” y que no por cierta y clara sigue escondiendo algo que muchos denunciamos: la izquierda española, no solo se ha tragado el nacionalismo excluyente como ideología sino que asume como propio el ideario anticastellano y castellanófobo que esos periferismos incuban y difunden sin siquiera disimulo y que es la madre del cordero, la bicha que nadie quiere nombrar.

Blas Infante Errejon
El madrileño Íñigo Errejón Galván nos ha salido separatista andaluz y se apunta a idolatrar a quién más ha hecho por envenenar, desenraizar, falsear la historia del sur castellano y triturar la historia de Castilla la Novísima. El tonto a las tres de la tropa piji-roji es así de simple. Al párvulo podemita, cualquier conato de anticastellanismo le hace babear, lo ingiere rápidamente. La "nueva" política, como la vieja, nace del estiércol más putrefacto. Nada nuevo. No sabemos qué es lo que más admira Errejón de Blas Farsante pero apuntamos algunas pistas: Blas Infante negó que Andalucía sea hija y parte de Castilla y que los andaluces sean repobladores castellanos. Blas Infante creó un nacionalismo fuertemente negador de Castilla, anti-católico y chusquero que se sacó de la chistera entre otras muchas cosas una neobandera inspirada en el verde del islam, religión que adoptó tras renegar del catolicismo, y un himno que es todo un plagio. También propuso acabar con las grafías latinas y escribir con el alfabeto arábigo, no dudó en visitar al golpista Companys en la cárcel... toda una joya. Ah, bueno, es cierto, se me olvidaba, fue asesinado por unos falangistas durante la Guerra Civil. Eso es suficiente y le convierte en un ser admirado por la izquierda, aunque en vida no pasase de friki mamarracho.

     Dado que todos los nacionalismos periféricos se basan en la castellanofobia, pues todos ellos construyen su corpus ideológico a partir del odio, la persecución y el rencor a la lengua, cultura, inmigración e historia de Castilla (Castilla opresora, Castilla fascista, Castilla imperialista, Castilla invasora, Castilla genocida y centralista, Castilla explotadora y expoliadora, etc. son solo algunos de los muchos mantras que destilan a diario) y dado que chapotean en el abierto racialismo y supremacismo étnico, para ser precisos, la cita debería haber sido escrita como sigue: “primero se hizo compatible ser nacionalista castellanófobo y ser de izquierdas. Después se hizo obligatorio. A continuación, declararse no nacionalista se convirtió en la prueba de que uno era castellano y de derechas. Y en el gradual abaratamiento y envilecimiento de las palabras bastó sugerir educadamente alguna objeción al nacionalismo castellanófobo ya hegemónico en toda la periferia para que a uno lo llamaran facha o fascista castellano” lo que sin duda encaja mejor con la realidad política periférica. Hasta canarios y andaluces están tratando de implantar un nacionalismo local apoyándose en escupir sobre el reino del que forman parte: Castilla. Y no hablamos solo de la izquierda clásica, de IU o PSOE solamente, también Podemos se apunta al continuo vilipendio.

Y se queda tan pancho. No es solo que enfrente a Castilla con Cataluña, es que lo hizo después de la polémica generada a raíz de que la pública TV3 identificara al ciclista Purito con la señera en vez de con la rojigualda tras una prueba olímpica. ¿Qué tenemos nosotros que ver en eso? Pero lo más zafio es que para cargarse de razones colgó en un tuit de la popular red social fragmentos de "Victus", el panfleto de marcado signo castellanófobo del catalanista (perdón por la redundancia) Albert Sánchez Piñol, al que parece admirar y donde se sueltan lindezas como "La atrofia cerebral de Carlos II era un reflejo de Castilla y su Imperio coagulado", "los paisajes castellanos habían engendrado unos señoríos tiránicos", "la hidalguía española... la hidalguía española... ¡me tiro un pedo en su hidalguía! ¿Qué teníamos nosotros que ver con esa gentuza? Para un castellano de pro trabajar era una deshonra; para un catalán, la deshonra era no trabajar",  "[Las manos castellanas] solo pueden empuñar armas; lo contrario sería ensuciárselas, no comprende, y menos tolera, otras formas de vivir la experiencia humana: lo industrioso le repele. Si quiere prosperar, su misma concepción elevada de la dignidad, paradójicamente, lo empuja al saqueo de continentes indefensos o al miserable oficio de cortesano", "¿Qué es Castilla? Cojan un páramo, pónganle una tiranía, y ya tienen a Castilla". Pablo Iglesias es uno de esos bobos esféricos que tanto abundan y reptan indignos por nuestra tierra, político piji-roji que jamás se definirá nacionalista aquí, en su tierra, ideología que aborrecerá y despreciará sin límites (lo cual es muy respetable), pero que no duda en abrazar, complacer y admirar en tierras periféricas ajenas (lo que resulta muy miserable) siempre y cuando reúnan una condición: que sea excluyente e intolerante con los castellanos, con sus a priori compatriotas. ¿Se puede ser más gilipo? Es difícil, habría que entrenar muchísimo.

     Pablo Iglesias no duda en asociar Castilla con una TV a la que cuelga el sambenito de casposa, reaccionaria, conservadora, caciquil y fascista cual es la católica 13TV simplemente porque no es de su cuerda, e Iñigo Errejón, también madrileño, se nos ha vuelto adalid del independentismo andaluz cuyo andalucismo agusanado y mal entendido difunde la patraña de la conquista y posterior colonialismo castellano sobre los andaluces, como si éstos y aquellos no fuésemos lo mismo.

"El anticastellanismo es hoy la ideología más transversal y silenciosa que existe en el panorama político español. Lo han interiorizado todos. Unos lo acatan por acción, otros por omisión."

     ¿Cuántas veces hemos oído o leído al catalanismo más grasiento y mugriento identificar al PP y a Lucifer con Castilla? Pues esa es la moto que Pablo Iglesias y su cuadra de indocumentados compra y revende sin problema alguno. ¿De quién, Errejón, han de liberarse los andaluces?, ¿de quién, Pablito, han de defender los catalanes su lengua? ¿Atacando la nuestra, y a nosotros, es como “se defiende” la suya? Pero cabe hacerse más preguntas. ¿Por qué la izquierda toda, aunque en distintos grados, acepta denominaciones antihistóricas y expansionistas como Países Catalanes o Euscal Herria y ni se plantea o rechaza la reunificación de Castilla en una única CC.AA. tal y como reconoce y es compatible con la Constitución? ¿Por qué la derecha del PP defiende con orgullo su galleguismo, navarrismo y valencianismo, al tiempo que su españolidad, y es incapaz de afirmarse mínimamente castellanista y española? ¿A quiénes (y por qué) quieren ambos complacer? ¿A qué vienen tantos complejos, es que sienten la necesidad de pedirles perdón por ser y nacer castellanos? El anticastellanismo es hoy, sin lugar a dudas, la ideología más transversal y silenciosa que existe en el panorama político español. Lo han interiorizado todos. Unos lo acatan por acción, otros por omisión. Y así nos luce el pelo a los castellanos: troceada y diseminada Castilla por hasta 11 CC.AA., somos ninguneados y presa fácil de todos. ¿Hasta cuándo?




[1] En “Todo lo que era sólido” (2013, página, 78)

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