sábado, 23 de abril de 2016

Castilla. El gran odio de los nacionalistas catalanes

Reproducción íntegra de un artículo firmado por el escritor y periodista catalán Adolfo Marsillach en ABC en 1928.

Por Adolfo Marsillach 
(ABC, 08/08/1928, página 4) 

El gran odio de los nacionalistas catalanes es Castilla. No hablan de ella que no sea con menosprecio o con rencor. De pobre, de letárgica, de atrasada, de restos humanos al margen de la civilización, no la dejan. De su glorioso pasado no se acuerdan, o no quieren acordarse. Tampoco de que con ella fue cataluña a la reconquista del patrio solar, y de que fué la primera en batirse, con la total indiferencia de los catalanes, por la libertad de las Municipalidades, atropellada por Carlos V.

"Castilla. El gran odio de los nacionalistas catalanes", del escritor y periodista catalán Adolfo Marsillach. ABC, 08/08/1928.
Esta aversión injustificada de los catalanistas tiene por causa el haber Castilla ejercido, como la correspondía por su extensión de su territorio y número de sus habitantes, la hegemonía política de España, y la difusión del idioma castellano por toda la Península, y su prevalecimiento en razón de su copiosa literatura y su valor internacional. En cuento a su hegemonía política, a la que se le acusa de centralizadora, hay que decir que el centralismo en España no fué obra de Castilla, sino que nos vino de Francia con Felipe V, y por lo que se refiere al idioma, que el de Castilla no ha sido jamás impuesto en las regiones españolas de otra habla más que como órgano idiomático oficial, pues había de haber uno para que todos, con las menores dificultades posibles, pidiésemos entendernos. Castilla no tiene culpa de que su lengua haya absorbido, o dejado en segundo plano, a los pequeños idiomas regionales. Y en esto no ha habido ningún daño. Gracias a la filtración del castellano en Cataluña, en Galicia y en las Vascongadas, catalanes, gallegos y vascos hemos poseído un mayor vehículo de relación y de cultura, y podido arriesgarnos en empresas comerciales más allá de nuestra tierra y de nuestros mares.

El progreso industrial de Castilla no admite comparación con el de Cataluña, pero basta su brillante iniciación para que se pueda decir, sin faltar a la verdad, que Castilla vive en irredimible letargo. Va despertando de su somnolencia; va poco a poco progresando y redimiéndose de su pobreza.
Injuriarla por ser pobre es una crueldad, una grosería de nuevo rico. Que otros pueblos luchen como ella, con un clima bronco y una tierra ingrata, y ya veremos si se enriquecen tan fácilmente.

Y aunque no fuera así, sería digna de las máximas consideraciones. Cuando un pueblo como Castilla ha dado al mundo tantos e ilustres ingenios y libros cumbres que la han inmortalizado; cuando impulsada por su idealismo, fue al descubrimiento de un continente, que luego conquistó, extendiendo la civilización cristiana desde el golfo de Méjico al Estrecho de Magallanes, y con Italia compartiera la obra magna del Renacimiento, este pueblo, por lamentable que sea su decadencia, hay que tratarlo con respeto.

Que en el mundo no todo ha de ser tráfico, dinero, filosofía práctica de mercaderes.
Toledo es más interesante que Manchester.

Adolfo Marsillach.
Barcelona, Agosto de 1928.

2 comentarios:

  1. Adolfo Marsillach tiene toda la razón. Lástima que no cundiera más su ejemplo en su tierra. Todo podría ser ahora bastante distinto.

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  2. No todo tiene que ser mercadeo barato, ruido, dinero y ninguna idea alta. Castilla es un tesoro, elegante. Que se mantenga fiel a su genio y a su belleza.

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