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viernes, 31 de mayo de 2013

Castilla-La Mancha: 30 años celebrando el fracaso

Por Javier Martínez.
Se cumplen 30 años de autonomía de Castilla-La Mancha. Momento de hacer balance. Este año toca ‘celebrar’ el 31 de mayo en Cuenca. No hay nada que celebrar, salvo el fracaso de la misma, pero se celebra. Para el pueblo que aún trabaja, políticamente ese día no significa nada, salvo un día más de vacaciones. Estampida general al pueblo y punto. Para el que no puede trabajar (camino del 30%), es un día más de agonía. Para la casta política, heredera de los caciques de toda la vida, es momento de colgarse medallas, darse premios, de solemnes discursos vacíos, de lucir palmito, de bla, bla, bla. Les propongo unas breves reflexiones.
El progreso según Castilla-La Mancha. TV digital por satélite domiciliario y pueblos abastecidos con camiones cisternas en el año trece del siglo XXI es perfectamente compatible. (Foto tomada en El Arrabal de Moya, localidad con un solo habitante en las faldas de la medieval Moya, Cuenca, hoy abandonada, orgullosa villa comunera en los confines de los reinos de Castilla, Aragón y Valencia.
¿Qué ha significado económicamente la creación de CLM? ¿Saben qué lugar ocupaba Castilla-La Mancha en el escalafón económico de las regiones de España hace 30 años y cual ocupa ahora? Hace 30 años nos situábamos en el sexto lugar por la cola, detrás de Extremadura, Andalucía, Canarias, Murcia y Galicia. Ahora ocupamos el tercer lugar, también por la cola, detrás de Extremadura y Andalucía. No es que no hayamos avanzado algo, faltaría más, es que avanzamos más despacio que el resto, perdemos posiciones relativas. Hemos pasado de ser una región agraria a ser una región no industrial. Porque aquí, si la industria pesa ahora porcentualmente más en el PIB no es porque suba, sino porque la agricultura baja. Me pregunto, ¿qué celebra la casta? Se nos dijo entonces que la autonomía serviría para acercar la administración al pueblo, para aumentar el bienestar del mismo, para dotar a las regiones de pulso político que las transforme económicamente. La milonga de ‘para acercar la administración al ciudadano’ se ha traducido en un simple cambio nominativo y en aumento de altos cargos.
"Hace 30 años CLM se situaba en el sexto lugar por la cola, detrás de Extremadura, Andalucía, Canarias, Murcia y Galicia. Ahora ocupamos el tercer lugar, también por la cola"
En los edificios capitalinos provinciales donde antes ponía Ministerio de tal, ahora pone Consejería de cual. La descentralización administrativa estaba hecha, faltaba la política. Así es como surgió una nueva élite política que pronto se transformaría en casta y en parásita.  A cambio, se crearon fronteras autonómicas administrativas en la meseta donde nunca las hubo, ya saben, para ‘acercarse al ciudadano’. Juas, juas. No se les ocurra ponerse enfermos de algo más que una gripe, porque la ‘solución’ que esta autonomía les ofrece se llama turismo sanitario por la neo-región resultante de trocear la antaño llamada Castilla la Nueva. Guadalajara y Cuenca, los patitos feos de esta invertebrada sub-meseta lo sabemos bien. Da igual que esté más cerca Madrid, o que Alcalá de Henares se encuentre a tiro de piedra de Guadalajara, te operan en las lejanas Albacete o Ciudad Real y listo. Si a Castilla La Nueva le restamos Madrid, lo que queda es un pollo sin cabeza rebautizado como Castilla-La Mancha. Y Madrid no es otra cosa que el pueblo más grande de Segovia. Tres décadas después, la vida de ambas sub-mesetas sigue pivotando sobre Madrid, la cabeza del pollo, pero con la dificultad añadida de unas fronteras administrativas infumables como única creación destacable de la casta política que nos parasita. Digo casta porque es endogámica, cerrada y la pertenencia a ella es un derecho adquirido por años de sumisión al jefe de la manada; y parásita porque viven a costa de otro de la misma especie, depauperándolo y alimentándose de él sin llegar a matarlo pero casi.
"Si a Castilla La Nueva le restamos Madrid, lo que queda es un pollo sin cabeza rebautizado como Castilla-La Mancha. Y Madrid no es otra cosa que el pueblo más grande de Segovia".
En estos 30 años hemos visto de todo. Más malo que bueno, para qué engañarnos. Un mega incendio en Guadalajara que se saldó con 11 muertos destapó que los bomberos de Soria y Madrid no podían ayudar en tiempo y forma con la rapidez que hubiese sido deseable. Ya saben, había una frontera administrativa que respetar. En una Castilla unida (toda la meseta es una unidad geográfica e histórica incuestionable no así política ni administrativa, lamentablemente), esas cosas no sucederían, pero claro, eso implica menos sillones, menos casta, menos fronteras y más ahorro y coherencia territorial. Menos fronteras, pese a lo cual todavía hay quien cree que el castellanismo es un nacionalismo más. Y no es cierto. 
Cuestionamos el modelo autonómico que troceó a Castilla en cinco regioncillas y nos hizo así irrelevantes e inviables por separado, no a España. Que quede bien claro. Los castellanistas somos unionistas castellanos, no rupturistas. No hay futuro sin unión, ni en Castilla ni en España. Lo que más hemos visto en estos años ha sido trasvases de agua, que es como decir trasvases de riqueza y población. Esos nunca faltan a su cita. El 47% de los conquenses viven fuera de la provincia, ya han sido trasvasados. Naturalmente gratis. Porque ofrecer gratis los recursos castellanos a la periferia es nuestro papel en España. Treinta años después, emigrar sigue siendo la única opción. Normal en una tierra donde el agua va y la basura viene.
El ATC es eso, basura atómica. Nos han vendido la moto de que un ATC es una instalación industrial cuando por definición un almacén carece de actividad manufacturera. Se nos prometió que con la autonomía llegarían los regadíos y la nueva agro-industria a La Manchuela conquense y albacetense, a razón de 50.000 hectáreas, para diversificar la agricultura, aumentar rentas del campo, crear miles de empleos, y para modernizarla "porque hay agua para todos". Para todos los periféricos, claro. Otro fracaso rotundo que demuestra que el pulso político de esta región-guión-comarca es cero patatero. In extremis nos libramos de un campo de tiro del ejército en Cabañeros, el Serengueti castellano, hoy Parque Nacional. Aún resuenan en mis oídos los ecos de un ministro catalán, Narcís Serra,  que nos soltó aquello de "un campo de tiro es compatible con la Naturaleza". Sobre todo si es la castellana, ¿verdad? Cuando echaba a andar esta autonosuya, treinta años ha, El Quijote era la obra cumbre de la literatura castellana. Hoy es cualquier cosa, un polideportivo municipal, un polígono industrial o la mancomunidad que recoge las basuras.

Hasta el nombre de esta autonomía es hortera y antihistórico. ¿Porqué no Castilla-La Alcarria o Castilla-Los Montes de Toledo? La Mancha, provoca sonrojo tener que recordarlo, es una comarca castellana más, no una región. Treinta años después, los políticos de esta tierra gestionan, tramitan, pero no transforman. Ese es el drama. Los reyes y los siglos pasan, los problemas se quedan. ¿Y qué gestionan? Todas las Consejerías se dedican a tramitar subvenciones, al fomento de la economía de la subvención. Los políticos gestionan sus propias carreras profesionales, nada más. Su única aspiración es saltar a otro puesto en Madrid y sumar años hasta la jubilación.
"Cuestionamos el modelo autonómico que troceó a Castilla y nos hizo así irrelevantes e inviables, no a España. Que quede bien claro"
Fuera de la política no hay nada, y dentro de ella no hay vida inteligente, solo trepas. Los partidos políticos son meras agencias de colocación. Se cuentan por docenas los padres que ‘apuntan’ al partido a sus retoños con 14 años, incluso antes. Tienen claro que la política ha dejado de ser una representación para ser una profesión, la única bien remunerada en esta tierra. CLM no pintaba nada hace 30 años y así seguimos, para que andar con rodeos. Las infraestructuras siguen siendo radiales (ahí está inconclusa ad eternum la A-40), lo que nos condena a ser simple lugar de paso, desbaratando así cualquier posibilidad de desarrollo endógeno. Hace treinta años pensábamos que con la autonomía se construiría el ferrocarril convencional Cuenca-Albacete, proyectado en 1948. No solo no existe aún sino que la línea convencional Madrid-Valencia por Cuenca está prácticamente desmantelada y la Aranjuez-Toledo ya ni existe. 

Es cierto que ahora tenemos una flamante Universidad, pero no es menos cierto que ésta ya no es el ascensor social que debía ser (el tapón social alcanza límites más que medievales). Ahora es un cementerio de ilusiones cuando no una fábrica de parados. Y no culpemos a la crisis, que la mayoría de facultades no han colocado a un titulado en su vida. Sus profesores tienen carnet de partido en un porcentaje escandaloso y se dedican a "investigar", en un 60% de los casos, cosas ya conocidas, o a hacer informes que apilar en una estantería; y sus alumnos no tienen más meta que acabar de repartidores de pizzas y gracias. Esta tierra sigue siendo el coto de caza con cortijo que siempre fue y la anunciada reforma de la ley electoral y de las Cortes tienen por misión garantizar precisamente eso, más bipartidismo (y menos pluralidad política), justo ahora que se derrumba. Hay que mantener el cortijo a toda costa. ¿Demoqué?, ¿dónde quedó, señora Cospedal, el liberalismo que se le suponía? Empiece por liberalizar la política. Entre pintoresco y patético fue el llamamiento del Defensor del Pueblo pidiéndole a éste públicamente en su web, que le defendiera del anunciado cierre "porque solo cuesta seiscientos mil euros al año" mantenerle en el chiringuito. Hace treinta primaveras las pensiones en CLM eran de las más bajas de España. Hoy seguimos igual, pero con el agravante de que ahora muchos hijos y nietos viven del abuelo. Y como aquí nadie transforma, dentro de otros treinta inviernos, más de lo mismo. Dentro de otros treinta, nadie recordará que 60 años atrás, cuando las autonomías eran embrionarias, teníamos 5 o 6 cajas de ahorros en cada sub-meseta, algunas tricentenarias, y que gracias al mangoneo legislativo de partidos y sindicatos que la autonomía chikilicuatre favoreció, acabaron en quiebra y todos se fueron de rositas. Una mano (la del PSOE), lava a la otra (la del PP), y las dos se lavan la cara.
Hace treinta años no supimos aprovechar la nueva etapa que con el Estado de las Autonomías se abría. Basta mirar el mapa español para darse cuenta que el castellano es el único pueblo hispánico que no vive agrupado en una sola administración autonómica. Castilla a secas, y por tanto los castellanos sin aditivos, no existimos... y eso que nadie ha hecho tanta historia como nosotros. A alguien le interesamos divididos, callados y vencidos. Con doce millones de castellanos aproximadamente, Castilla unida pudo ser la autonomía española más potente económica y políticamente, lo que sí se traduciría en capacidad transformadora, en futuro. Se acabaría eso de ir reptando cual ciudadanos restospañoles de segunda. Pero no fue. La cuestión hoy es, ¿porqué no serlo ahora?, ¿lo seremos algún día? No mientras prevalezca la casta del 31 de mayo en lugar del espíritu comunero del 23 de abril. Como dijera el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco, “Castilla, si quiere ser, tendrá que asumirse en lo que es. No hay otro camino” (Mañueco, J.P., en “Castilla, manifiesto para su supervivencia”, Editorial Riodelaire, 1984)

sábado, 2 de junio de 2012

31 de mayo, vuestra fiesta

Por Javier Martínez.
Leo con atención la carta titulada ’31 de mayo, nuestra fiesta’ que la presidenta de Castilla guión La Mancha envía a la prensa con motivo del día del engendro autonómico que solo la casta celebra. Simplemente, para llorar. Se confirma lo que muchos castellanistas intuíamos: tampoco doña Cospedal (PP), como sus antecesores Bono y Barreda (PSOE), conocen un mínimo de la Historia de esta tierra de caciques. Bueno, ni de Historia, ni de geografía ni de leyes, ni de gramática castellana… tal y como voy a demostrarles. Advierto de antemano que puede hacerles sentir vergüenza ajena lo que van a leer acerca de todos los ex presidentes de la Junta de Comunidades.
Carta de Mª Dolores de Cospedal, presidenta de CLM, en la prensa el 31 de mayo de 2012, día del artificio regional.
Verán, resulta que la presidenta cree que ‘Guadalajara es la provincia que nos aporta su sentir castellano para conformar la realidad de nuestra comunidad’. Y llueve sobre mojado. Hace ocho días (22/05/2012) declaraba sin pestañear en la capital de la Campiña del Henares: ‘esta región se llama Castilla precisamente gracias a Guadalajara y a algunas partes de Toledo’ (puede verse en vídeo del canal CNC de ese día). La ignorancia de esta señora sobre los límites y la historia de Castilla solo está a la altura de sus predecesores Bono y Barreda, y quedó por escrito, esta vez en nota de prensa oficial del 21/05/2012 (puede consultarse en la web oficial de la Junta) donde afirmaba que   Guadalajara, una tierra que, junto a parte de la provincia de Toledo, nos recuerda las señas de identidad castellanas que nos hacen configurar la realidad de una región que hoy es Castilla-La Mancha’. Y sin despeinarse, oigan, lo que solo Guadalajara ‘le recuerda’ a esta señora.
Fue hace un año aproximadamente cuando, en plena campaña electoral, ya nos avisó de su ignorancia: ‘somos Castilla gracias a Guadalajara’ soltó en un mitin en un pueblo guadalajareño delante de Gallardón, otro que tal baila, a la sazón alcalde de Madrid. Es decir, que después de cuatro veces, no deja lugar al posible error. Todos los presidentes de la Junta de Comunidades tienen en común creer que Castilla (región) y La Mancha (comarca y punto) son dos cosas distintas al mismo nivel pero ‘arrejuntadas’. Ni siquiera se han parado a pensar que entre ambas palabras no hay una conjunción ‘y’ (que denote que son cosas distintas unidas) sino un guión (que denota que una es una parte del todo).
Castilla, es un viejo e histórico reino (sí, he dicho histórico, de los históricos de verdad), entre cuyos territorios ‘primigenios’ o nucleares, se encuentra Castilla la Vieja por un lado, y Castilla la Nueva por otro, conceptos geográficos que hacen referencia a las sub-mesetas septentrional y meridional respectivamente. No existen pues ‘dos Castillas’ como algunos dicen, ni dos mesetas, sino una única Castilla y una única meseta, si bien, desde el punto de vista estrictamente geográfico sí puede hablarse de ‘dos Castillas’. La Mancha, por el contrario, es una comarca castellana más y punto, que no por tener una posición central, o una gran extensión, es más que el resto. Fue un disparate elevar a la categoría de región a una comarca por encima del resto, ¿por qué no Castilla-La Alcarria o Castilla-Los Montes de Toledo nos preguntamos muchos? a fin de cuentas ambas comarcas también exceden los límites de una provincia. 

"Fue un disparate elevar a la categoría de región a una comarca por encima del resto. ¿Por qué no Castilla-La Alcarria o Castilla-Los Montes de Toledo?"

Disparate, para desgracia de todas las demás comarcas (en todas las provincias del engendro hay comarcas no manchegas), ahora anuladas, y de la propia autonomía, pues es lo que ahora impide una mínima cohesión e identificación regional[1]; y de La Mancha misma, pues desdibuja y falsea a la auténtica Mancha (que al parecer ahora llega hasta Sigüenza y Cañete, ¡con un par!), una tierra hermosa y próspera no tan seca como su árabe nombre indica. He aquí la causa de que CLM sea, con diferencia, la autonomía menos consolidada entre sus ciudadanos, y cuya bandera no sea más que un trapo (útil solo para limpiarse los zapatos) frente al histórico pendón cuartelado de castillos y leones del que fue nuestro país durante 700 años aproximadamente: Castilla. Les contaré una anécdota: hace 5 años era imposible encontrar un solo fabricante en toda España que confeccionase el pendón rojo carmesí de Castilla. Hoy lo ofrecen todos, y sus ventas, me consta, crecen. Algo está cambiando.

Durante la chapucera Transición (al menos en temas territoriales), a cuatro lumbreras de la UCD y del PSOE se les ocurrió destrozar Castilla la Nueva y crear fronteras administrativas internas en la sub-meseta donde nunca las hubo ‘para acercar la administración al ciudadano’, dijeron entonces los aspirantes a cuantas más poltronas para todos mejor, y repiten aún hoy con desvergüenza sus herederos.
Así se justificó separar a Madrid de su región natural, cuyo peso demográfico amenazaba las aspiraciones a sillón de muchos, contra toda lógica geográfica, histórica y funcional. Sucedió que restado Madrid, Guadalajara quedaba como una chepa, como un pegote, en el nuevo mapa regional en el cual se incluyó a Albacete. Esta última provincia, en contra de lo que muchos creen, sí formaba parte históricamente en sus dos terceras partes de Castilla la Nueva (adjunto mapa del geógrafo real, don Tomás López de 1785, para los incrédulos que estudiaron la EGB durante el franquismo). Los malditos mapillas escolares del franquismo, donde no aparecía incluida, son otro falso histórico más. Albacete, como también la conquense comarca de Utiel-Requena, también en la meseta, aparece en Castilla la Nueva como pueden comprobar. Albacete es esencialmente castellana por una sencilla razón: la moderna provincia de Albacete fue creada a costa de tierras castellanas arrebatadas a Cuenca (Tierra de Jorquera, etc.) y a Ciudad Real en sus dos terceras partes. El otro tercio, efectivamente, pertenecía a Murcia.
Mapa de Castilla la Nueva, por el geógrafo real don Tomás López, 1785
Aclaradas las nociones básicas de historia que ninguno de los tres presidentes de CLM hasta la fecha tienen, como se ve, vamos a profundizar en las geográficas y gramaticales, no sin antes recordar que el señor Barreda es profesor, nada menos, que de la Universidad de CLM y licenciado en Geografía e Historia, plaza que se sacó, ¡oh!, casualidad, casualidad, siendo consejero de Educación de la Junta de Calamidades.
O mejor aún: JUNTA DE COMUNIDADES DE CASTILLA y punto.
Castellanistas en Toledo.
"He aquí la causa de que CLM sea, con diferencia, la autonomía menos consolidada entre sus ciudadanos"
La Mancha, como La Alcarria, como La Sagra, La Campiña del Henares, La Mesa de Ocaña, El Campo de Calatrava, El Campo de Montiel, Los Llanos, La Rioja o La Tierra de Cameros, por citar solo algunas, son comarcas, concepto geográfico, que cualquier niño castellano tiene claro, no así nuestros presidentes. Observen una cosa, todas las comarcas van precedidas de un artículo, ‘la’, el’, ‘los’ o ‘las’. A nadie se le ocurre en cambio decir La Castilla o La Galicia, pues no son comarcas (las regiones-autonomías-países no llevan artículo, las comarcas sí). ¡Ven cómo no saben ni gramática!
Ninguno de los tres presidentes ha caído en la cuenta, o quizás sí, pero prefieren mantener el bodrio autonómico y ‘crear región’, en plan cutre, todo sea dicho, en torno al vino, al queso manchego y al manoseado Quijote (texto universal convertido por la Junta de Calamidades en un polideportivo, en un casino, en una ruta turística, en un pelotazo urbanístico, en un aeropuerto peatonal y en lo que se tercie… para ‘hacer región’). Con lo fácil que era haber mantenido unida ésta sub-meseta (Madrid nunca debió separarse) y su nombre histórico de Castilla la Nueva…
Y es que de la misma forma que todas las rapaces son aves, pero no todas las aves son rapaces, todos los manchegos son castellanos, si bien, no todos los castellanos lo son manchegos. ¿Tan difícil era? ¿Verdad que daría la risa oír Andalucía-Las Alpujarras o Cataluña-El Ampurdán? Pues aquí, nuestra ignorante casta política, da igual PSOE que PP, tan a gustito.
"¿Verdad que daría la risa oír Andalucía-Las Alpujarras o Cataluña-El Ampurdán?"
Castilla anda anestesiada, va siendo hora de despertarla, de sacudirla, de agitarla, cueste lo que cueste.  O precisamente por eso, porque nos cuesta dinero, y mucho, pues el troceamiento sufrido y reparto de su tierra por distintas autonomías es la causa de nuestra actual postración, debilidad, irrelevancia y ninguneo permanente tanto en los ámbitos político como económico, cosa que ahora, descomunal crisis mediante, se torna incluso en inoperancia. Ninguna de las autonomías castellanas por separado, salvo Madrid, es viable. ¡Unámoslas! Ahora es la hora.
Página web de Radio Azul (Cadena SER) informando, el 30/05/2011, de la petición del Partido Castellano (PCAS) de la vuelta al nombre tradicional de esta tierra. Nótese hasta que punto llega el desastre territorial regional: ni el mapa de la región es correcto (solo incluye las provincias que tienen parte de manchegas) y en las pestañas de la misma, una comarca, La Mancha, sustituye a una provincia.
Existe un innegable proceso de ‘mancheguización’ auspiciado desde la Junta que irrita al resto de comarcas e impide la consolidación de esta autonomía. ¡Panda de irresponsables! Ni que decir tiene que los manchegos nada de culpa tienen en ello. Los manchegos también son víctimas. Y claro, eso, en Guadalajara, donde ni una hectárea de la provincia es manchega, provoca un desafecto total. Pero no solo en ella. Cada vez que en la tele oigo eso de ‘capital manchega’ al referirse a Cuenca o Toledo se me eriza el bello… y a ustedes que me leen también.
Nuestra casta, allá por la Transición, renombró al nuevo engendro autonómico salido de la trituradora de Castilla, como Castilla guión La Mancha (la casta lo pronuncia ‘cajtillalamancha’) como quién pone nombre en la puerta de su finca o chalet en el pueblo ‘Villamargarita’. No iban tan desencaminados, total, ¿qué no es esta tierra sino una finca de caza con cortijo donde manda el hijo y nieto de cacique? (Barreda, que dicen esconde título nobiliario, es hijo de terrateniente, Bono de ex falangista y doña Cospedal pues no lo sé, pero que viste en la calle Serrano modelitos no aptos para el sueldo de abogada del Estado es innegable).
Límites aproximados de La Mancha, comarca central de Castilla la Nueva.
Y a nuevo invento administrativo-institucional, nuevo gentilicio para los súbditos de la finca, pues a partir de entonces desaparecemos como pueblo castellano (cuya etno-génesis se sitúa en las montañas cantábricas fruto de la fusión del elemento hispano-romano, hispano-godo y los restos céltico-cantábricos) en estas tierras para ser sustituidos por el de ‘castellano-manchego’, cualquier cosa que esto sea (y cuya etno-génesis se sitúa en un edificio de funcionarios o en la sede de algún partido político). ¡Patético, oigan! Ustedes y yo somos castellanos a secas y punto. 
Habrán notado ustedes que no por casualidad he puesto como ejemplos de comarcas castellanas a La Rioja y la Tierra de Cameros, ambas en Logroño (Castilla la Vieja). No solo en Castilla la Nueva fuimos infectados del virus político de las poltronas para todos y la ‘mancheguización’ (o similares), que propició tantas autonomías castellanas como grupos de caciques organizados había en la Transición. En Castilla la Vieja pasó algo parecido. Las provincias de Santander y Logroño, ambas en la mismísima cuna de Castilla, iniciaron su particular proceso de ‘cantabrización’ la una (según el cual en La Montaña habitan los descendientes directos de Asterix, que es algo así como si Madrid alega en defensa de su autonomía que son carpetanos, y decidieron sacarse de la manga a Cantabria. Cualquier día Madrid pasa a llamarse Carpetania); y de ‘riojanización’, la otra. La Rioja, ya sea Alta, Media o Baja, no es sino la comarca ribereña, según tramos, del Ebro. No todo es Rioja en Logroño, también existen las Sierras de la Demanda o La Tierra de Cameros, ahora ninguneadas, anuladas e ignoradas por su escasa población.  Como ven, el desastre en toda Castilla fue mayúsculo. 
Ni historia, ni geografía ni gramática, pero ¿y de leyes? Según el pastelero y disgregador Estatuto de Castilla-La Mancha, el gobierno de este trozo de Castilla se llama, oficialmente, Junta de Comunidades, algo que recuerda vagamente a las Comunidades de Villa y Tierra, institución genuina castellana, y que han decidido pasarse también por el arco del triunfo. No hay más que ver los letreros oficiales de obras en carreteras, etc. de la propia Junta desde los últimos años del manirroto Barreda para acá para ver como la leyenda ‘Junta de Comunidades’ ha sido sustituida en no pocas ocasiones por ‘Gobierno de CLM’. ¿Es esto legal? Bono y Cospedal, que son abogados de formación, debieron recibir el título en una tómbola, al igual que Barreda el suyo de geografía e historia. Memorable por cierto una frase de éste último, diciendo, a propósito de un trasvase-expolio de agua que ‘Castilla-La Mancha no es verde, es una tierra seca y llana’ como ‘argumento’ para oponerse. Este señor no ve más allá de La Mancha, la grandiosidad de la misma le queda pequeña.
Señores del PPSOE, el 31 de mayo no es ‘nuestra fiesta’, en todo caso es la suya, disfrútenla. Para los ciudadanos castellanos de esta sub-meseta no es más que un día de vacaciones. Nuestra fiesta, la de la auténtica Castilla orgullosa de serlo, es el 23 de abril, día cervantino, de las letras castellanas y de conmemoración, que no celebración, de la Batalla de Villalar.


[1] Y si no, lean este extracto de un digital guadalajareño: “El viernes, en Azuqueca de Henares, la propia Cospedal […] en una frase que nadie ha recogido para los anales: ‘Me siento orgullosa de ser castellana con todos vosotros. Guadalajara es la provincia siempre olvidada y va a ser una prioridad para el PP’. Populismo puro y en vena. Ya estamos todos. […] Lo dijo Cospedal y en esos breves segundos se constataba que posee la tan rentable capacidad para decir lo que más conviene, sea quien sea el que te escucha. Un logro que hasta ahora siempre se le había negado a la secretaria general del PP por aquello de estar más en Génova que en La Mancha. Y ahora, va, y nos sale castellanista en Guadalajara, la irredenta piedra en el zapato de Bono y de Barreda, donde llamarte manchego es peor que mentarte al padre, a la madre y a toda la dinastía. O a Cospedal le funcionan bien los asesores o es más lista de lo que le reconocen. O las dos cosas a la vez”.
(Augusto González, periodista, en ‘Cospedal, esa castellanista’, La Crónica de Guadalajara, 28/02/2011)