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lunes, 26 de diciembre de 2011

Castillo de Garcimuñoz (Cuenca), ¿otro atentado al patrimonio castellano con dinero público?

Por Javier Martínez.

Nos llegan noticias de las horribles obras que ya se divisan en un castillo señero de la provincia conquense. Y las críticas no pueden ser peores: "los arquitectos otra vez haciendo de las suyas; nulo respeto por el edificio original; justificación de la barbarie con palabras huecas y bonitas como siempre; frases preconcebidas; discurso vacío sin interés arquitectónico; utilización del pasado arquitectónico para lucimiento personal; refrito y copy-paste constructivista de escasa coherencia y menos detalle; con poca arquitectura pero mucho diseño gráfico; pedante verborrea; arquitectura friki;  ¿rehabilitación? en España se está extirpando el sentido histórico de muchos edificios (tales como el castillo de Águilas, el castillo de San Francisco Javier, el de Lorca…), eso de ‘rehabilitar’ un edificio del siglo XII y dejarlo como del XXI es destrozarlo; prefabricado discurso, el cual repite con sorprendente asiduidad como si estuviese descubriendo la pólvora; estúpidos ‘argumentos’ del tipo ‘otro tipo de restauración no tendría ningún sentido, ¿ponemos a un Señor feudal con sus siervos a vivir dentro del castillo?’"… y así hasta llegar al bodrio que se ejecuta en el manriqueño lugar.


Estructuras metálicas, plataformas de hormigón, paredes de cristal, tuberías a la vista,... dinero público para la 'pseudosostenibilidad' o cómo destrozar el patrimonio histórico en Castillo de Garcimuñoz (Cuenca, Castilla)
Obsérvese la plataforma de hormigón cara vista de acceso al castillo.
Escalera de hormigón, barandas de aluminio o similares,... y además en nombre de la 'sostenibilidad' y el medio ambiente.
Interior de la Torre del Homenaje donde se construirá una escalera.
Mucho me temo que Castilla pierde hoy otro símbolo. El ‘problema’ de reconstruir no es darle un uso actual, como quieren hacernos tragar, por ejemplo hostelero, turístico, cultural, etc., el ‘problema’ es que eso requiere por parte del arquitecto de hoy del conocimiento de los oficios del ayer y la humildad suficiente para adaptarse y respetar al constructor/arquitecto/maestro original… y eso escasea. Es también respeto a la sociedad de la época que lo vio nacer y a nuestra historia como pueblo, sobre la que se puede y debe edificar nuestro futuro. Y eso también escasea. ¿Se han dado cuenta lo mucho que los arquitectos de hoy repiten la palabra ‘sostenibilidad’, sin pararse a pensar que lo que de verdad se debe decir es ‘perdurabilidad’, al tiempo que emplean materiales y técnicas no precisamente perdurables medioambientalmente debido al altísimo gasto de energía requerido en su fabricación y transporte? Estoy de arquitectos divos, en realidad una panda de mindundis, de mediocres repite estupideces que ni les cuento.

Para muestra del atropello que se avecina, el siguiente párrafo de Izaskun Chinchilla, la arquitecto responsable, (extraído de Público 20/10/2008):

“Este proyecto supone una postura de acción frente a una arquitectura patrimonial, a veces necesitada de soluciones... Sí. Creo que se debería abandonar la fantasía de reconstruir la arquitectura histórica a través de sistemas imitativos. Las técnicas, oficios y costumbres con las que se construyeron estos edificios son ya irrecuperables y sus valores –funcionales y estéticos– están obsoletos. Por eso para mí la reconstrucción resulta agresiva para el patrimonio. Yo soy partidaria de adaptar esas arquitecturas históricas a nuestro tiempo (bien a través de nuevos usos, de hacer accesible un monumento, de dar legibilidad al pasado) pero siempre desde una arquitectura contemporánea, comprometida con su tiempo. Lo único que garantiza el mantenimiento patrimonial es un nuevo uso y una arquitectura de la misma calidad que tenía la original”.

Con que fantasía y oficios irrecuperables, ni que un albañil de hoy fuese tan distinto del de hace 700 años, cualquiera que le oiga creerá que se trata de una profesión altamente tecnológica. Pero lo mejor es ese aire de superioridad que se necesita para afirmar que sus valores estéticos están obsoletos. Esos valores ‘obsoletos’ que usted desprecia mueven a millones de turistas en todo el mundo, creando la mayor industria de nuestro país, y usted (y el político que lo financia) va a contribuir a que ya no valga la pena parar en el km 157 de la A3 a contemplar el majestuoso castillo medieval. Para el común, la reconstrucción que se hace, por ejemplo en los Paradores, no es agresiva con el patrimonio, y como se ve, es perfectamente posible reutilizar y rentabilizar desde una arquitectura no contemporánea. Usted sí que es corrosiva, ha metido una vulgar construcción industrial poligonera en un edificio histórico.

Planos de la polémica rehabilitación del Castillo de Garcimuñoz.


Esa barandilla con aspecto de pinchos para espantar palomas no es de obra, es definitiva. Una mente privilegiada, fuera de lo común, un ser superior la ideó. Es lo que denomina 'valores estéticos no obsoletos'. Para cagarse cuanta tontería.

Juzguen ustedes mismos si la obra que se ve no es preocupante. Toda la vida esperando para esto.
La plataforma de hormigón (sic) de acceso, de unos 2 metros de altura, no es trasparente, tapa parte de la fachada y esta 'adornada' con una estúpida estructura metálica sin utilidad salvo que se emplee, como dicen los lugareños con sorna, para colgar el sombrero en verano y los chorizos a secar en invierno. A esto es a lo que deben llamar pomposamente 'nuevos usos contemporáneos', porque de lo contrario no se entiende.
Detalle de la altura de la fachada tapada.
Con el nuevo aspecto del castillo de Garcimuñoz, usted no sentirá que se transporta al medievo, sentirá directamente vergüenza ajena, sentirá que le han birlado parte de su cultura, de su pasado, de su Historia, y todo ello en aras de las ocurrencias de un arquitecto con ínsulas de filósofo de taberna que no dudará en mirarle por encima del hombro al tiempo que exclama '¡va, son unos paletos, no entienden nada!'.


¿Genialidad o frikismo arquitectónico? la puerta parece el acceso a las cocinas de un McDonalds. Ustedes no lo entienden, no están a la altura, la arquitecto está dando 'legibilidad al pasado'. ¿A que ahora ya lo entienden?
¡Bendita crisis! Me cuentan que la obra ha sido parada por quiebra de la constructora. El Ministerio de la Vivienda, al parecer, no les paga, y la constructora, a su vez, no paga a las subcontratas.
Un vecino me cuenta los mil problemas que le pusieron los de Patrimonio para arreglar hace años la verja de su casa, una casa sencilla en la plaza del castillo, frente a la iglesia-castillo 'porque no respetaba el entorno'. Según parece las leyes son para los demás. La administración si puede saltárselas y los criterios que utiliza son, cuanto menos, dudosos.
Si se puede destrozar, triturar, trocear, dividir, etc. una región entera cual era Castilla la Nueva (a la que se le desgajó Madrid), sin que nadie proteste, ¿por qué no un edificio histórico? Probablemente, lo que se está haciendo en este pueblo conquense no se permitiría en otros sitios donde la presión popular sería notable.
En la puerta del castillo, me aseguran, va un juego de numerosos cristales de colorines y lucecitas fosfis. La verdad, visto lo que ya se ve, no me extrañaría.
Vista desde otro ángulo para contemplar como se dilapida dinero público en destrozar patrimonio histórico 'porque los valores funcionales y estéticos están obsoletos'. La indigencia intelectual, la pedantería, la soberbia, en cambio, no padecen obsolescencia alguna como puede comprobarse. Es eterna, siempre tiene seguidores.
Esa boina con pinchos que contemplan sobre el torreón no es un andamio, es una estructura definitiva, al parecer un mirador chupyguay al que llaman pomposamente nido de las águilas. El buitre que lo diseñó (que como ven ha encontrado un nuevo uso a la palabra nido), asegura que 'hay que adaptar las arquitecturas históricas a nuestro tiempo, a nuevos usos' como excusa para no reconstruirlo tal cual era. Y digo yo, un torreón, ¿acaso no tenía por función ser un mirador, un lugar de vigía? pues me parece a mí que aquí el uso ha cambiado más bien poco con los siglos.
Disculpen las molestias. Con su dinero, estamos destrozando. Somos especialistas en hacer grandes bodrios, en tomarles el pelo, en reírnos del contribuyente, siempre un paleto incapaz de entender nuestro arte.
Detalle del bodrio ideado para afear al viejo torreón según los cánones de la 'arquitectura de calidad' (¡cágate el lorito, Izaskun!). Si se sitúa encima y mira hacia el horizonte infinito de la meseta, tendrá la suerte de no ver el bodrio que ha parido esta señora. Es el único sitio desde el que se ahorrará contemplar el potaje arquitectónico vomitado por tan preclara mente.

Detalle del suelo del torreón medieval, ahora 'nido de águilas', con forma de huevera. Hay que tener los huevos cuadrados para justificar este tipo de rehabilitación.

En los antiguos cotejadores del castillo, los defensores de este tipo de rehabilitación recomiendan, literalmente, tomarse los gin-tonic.
Podría pensarse que están ustedes viendo el interior de la sala de máquinas de un submarino. Pero no, eso era un castillo medieval.
Deléitense contemplando el bodrio. No hay muchos casos de destrozos tan magníficos como este en todo el continente europeo. Toda una plus marca. Todo un honor para Castillo de Garcimuñoz (Cuenca, Castilla), así como para el Ministerio de la Vivienda que lo financia, promueve y permite.
¡Qué preciosidad! Ambiente discotequero y todo. Solo el presupuesto requerido para iluminar esta marcianada supera el presupuesto anual del ayuntamiento, que será el encargado de mantenerlo. Mucho me temo que los lugareños tendrán que elegir entre iluminar el castillo o apagar las farolas del pueblo. Y todavía hay quién dice que esto contribuirá al desarrollo de la comarca. No será con los turistas que ya no vayan a contemplarlo. Que me expliquen que lumbreras ha hecho el estudio económico de viabilidad (o sostenibilidad) económica. ¿El mismo arquitecto tal vez? ¡bingo!
A esa zona la llaman 'contenedor cultural'. Creo más apropiado llamarle retrete arquitectónico. Seguro que acaban dándole un premio.
¿No les recuerda a la secadora de una peluquería? Igual lo es y yo no capto el concepto de reciclaje. ¡Y pensar que esto, además, lo pagamos todos!